La visión lineal y miope de la oposición lo demuestran cada vez que tienen una piedra en el zapato en su deambular por el país. Para cualquiera de ellos si hay un problema en la calle, donde la gente le muestre su rechazo, de inmediato aseguran que esa persona fue pagada por el Presidente López Obrador.
Nadie imagina el hecho de que el Presidente le regale dinero o una concesión de alguna empresa a una persona por si ve a Xóchitl Gálvez y le grite “¡Ratera!” Pero así lo percibe el ego de la ex vendedora de gelatinas convertida en próspera empresaria.
Basta escuchar algún reclamo espontáneo en la calle para que asegure que alguien, en especial el Presidente, envío a esa persona para insultarla.
En la misma tesitura está la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, que no permite un dique de contención a sus acciones perversas, por leve que sea, porque de inmediato asegura que en las protestas de los padres chihuahuenses para que distribuya los libros de texto retenidos, que por ley debe entregar a las escuelas, son protagonizadas por personas que no son de Chihuahua sino del sureste, como si en esta parte del país hubiera sólo personas que están contra el PAN y los panistas, situación que no es nada difícil para los mexicanos conscientes.
Pero ahí no se detiene la intolerancia de la oposición, porque aseguran también que el plantón de ciudadanos frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, son inconformes a sueldo, y que les paga personalmente López Obrador por estar ahí. El problema es que algunos le creen y, hasta jóvenes con carrera universitaria les dan la razón.
Nadie puede argumentar algo contra los opositores porque aseguran que son reclamos pagados. No les cabe en la cabeza que pudieran ser rechazados por la gente, o por lo menos eso lo muestran en los medios convencionales, tradicional e incondicionalmente a su favor. Los medios tradicionales saben de sobra que regresando el PAN o el PRI al poder, regresará el subsidio a los medios, aunque deban sacrificar el presupuesto de la salud o la educación.
Porque esos fueron los ramos más saqueados a la hora de dar dinero a los columnistas que fingían hacer análisis a favor del país. Ahora son los primeros en señalar que hay graves problemas en la salud y la educación, pero no dicen que esto es por el dinero que se tomó de sus arcas para destinarlo a sus bolsillos. El rechazo a la oposición es generalizado.
La oposición muestra ceguera e intolerancia, en cada uno de sus actos. Poco acostumbrados a salir a la calle enfrenta una población a la que no le permite disentir con ellos porque cree, erróneamente, que todos son sus simpatizantes.