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La siguiente estación de Mónica Soto

La siguiente estación de Mónica Soto

Columnas viernes 21 de agosto de 2026 -


Mónica Soto anunció que dejará la Sala Superior del Tribunal Electoral el próximo 31 de agosto. Su salida llama la atención no solamente por el momento en que ocurre, sino por lo que deja atrás. Presidió el Tribunal en uno de los periodos más delicados de nuestra democracia reciente y participó en decisiones que cambiaron el equilibrio político del país.
Tiene derecho a irse y, por supuesto, tendrá derecho a decidir qué hacer después. Pero hay cargos en los que uno no puede simplemente recoger sus cosas y pretender que el siguiente destino no tiene nada que ver con lo que hizo antes.
Y este es uno de ellos.
Durante su presidencia se tomaron decisiones que resultaron fundamentales para el nuevo mapa del poder en México. La más evidente fue avalar la sobrerrepresentación de Morena y sus aliados en la Cámara de Diputados, que les permitió quedarse con alrededor del 73 por ciento de las curules con una proporción bastante menor de los votos.
Soto votó con esa mayoría.
Esa sobrerrepresentación terminó siendo mucho más que una discusión sobre cómo repartir diputaciones. Le dio al oficialismo la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución prácticamente sin necesidad de negociar con la oposición. Entre esas modificaciones estuvo la reforma judicial.
Por supuesto que cada sentencia puede defenderse jurídicamente y que votar a favor de una fuerza política en una controversia no convierte a un magistrado en aliado de esa fuerza. Pero tampoco estamos obligados a analizar cada episodio como si hubiera ocurrido en el vacío.
Hoy no existe prueba de que Mónica Soto tenga un cargo acordado para después de su salida. Yo al menos no la conozco. Afirmarlo como un hecho sería irresponsable.
Otra cosa muy distinta es decir que no existen razones para sospechar.
Las hay.
Después de avalar la sobrerrepresentación que le dio al oficialismo el poder para cambiar la Constitución, después de la reforma judicial que vino a continuación y ahora con su renuncia, preguntarse dónde aparecerá Mónica Soto después del 31 de agosto no es construir una teoría de conspiración. Es una pregunta política bastante elemental.
Y si eventualmente aparece en un cargo dentro del gobierno o en algún espacio ligado al poder que resultó beneficiado por sus decisiones, la sospecha que hoy existe adquirirá inevitablemente otra dimensión.
Eso tampoco demostraría por sí mismo que hubo un acuerdo previo. Las cosas hay que probarlas.
Pero la independencia judicial también se construye con confianza. Y la confianza se pierde mucho antes de que aparezca una prueba en un expediente.
En México conocemos demasiado bien la puerta giratoria entre quienes deben vigilar al poder y quienes después terminan trabajando para él.
Tal vez Mónica Soto tome otro camino. Ojalá.
Pero su renuncia deja una pregunta sobre la mesa que no tiene nada de gratuita.
¿Dónde va a aparecer después?
Porque si la respuesta termina siendo cerca del mismo poder al que favorecieron algunas de sus decisiones más importantes, será muy difícil pedirnos que creamos que todo fue una simple coincidencia.




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