Durante años, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se parapetó en una máxima que hoy resulta insuficiente: que los juzgadores no debían hablar, que bastaba con que hablaran sus sentencias. Aquella lógica pudo funcionar en un Poder Judicial distante, casi intocable, ajeno al pulso social. Pero ese tiempo terminó. La Corte ha cambiado y su forma de comunicar también lo debe hacer.
Sin embargo, romper el silencio no significa hablar sin reglas, sin estrategia ni responsabilidad. No es un cheque en blanco para opinar, sobre todo, a cualquier hora y en cualquier tono. La comunicación pública, especialmente en un órgano constitucional, exige método, conducción y límites claros.
La nueva Corte —electa por voto popular, expuesta y atravesada por la disputa política— vive hoy bajo un reflector permanente. Y los escándalos recientes lo evidencian. Temas polémicos; declaraciones personales que contradicen la narrativa institucional; contradicciones públicas entre ministras y ministros.
El problema no es que las ministras y ministros hablen. El problema es que hablan sin un marco común, sin coordinación estratégica y, en ocasiones, sin conciencia del impacto institucional de sus palabras. La Corte dejó de ser una sola voz y se convirtió en once figuras públicas con agendas propias. Eso exige una Comunicación Social mucho más sofisticada.
Aquí vale la pena recordar una etapa distinta. Durante ocho años, la Dirección General de Comunicación Social de la SCJN estuvo a cargo del periodista Carlos Avilés Allende. No era un vocero estridente ni un operador político improvisado. Era un profesional del periodismo institucional, reconocido por ministros, jueces y colegas, con profundo conocimiento del sistema judicial, respeto por la investidura y una convicción clara: la Corte debía comunicar con sobriedad, pedagogía, rigor y oportunidad, sin protagonismos personales.
Carlos Avilés entendía que comunicar no era agradar ni ocultar, sino ordenar el mensaje, antes de que el desorden se impusiera. Fijar contexto para evitar interpretaciones erróneas. Proteger a la Corte de sí misma, de sus tensiones internas y de los costos públicos de sus disputas. No censurar; advertir. No callar; encuadrar. Ese modelo funcionó en una Corte disciplinada y de bajo perfil mediático.
Con Claudia Sheinbaum en la Presidencia, la 4T entra en una fase distinta. Ya no se trata únicamente de confrontar al viejo régimen, sino de demostrar que las nuevas reglas producen instituciones funcionales, confiables y estables. En ese contexto, el Poder Judicial no puede darse el lujo de actuar como un actor errático, reactivo, desarticulado o precipitado.
La comunicación de la Corte, en esta etapa, debe asumirse como comunicación política en el sentido más estricto del término y orientada a la preservación de la legitimidad. Eso implica dejarse asesorar, escuchar alertas internas y externas, y comprender que hay decisiones jurídicamente válidas, pero políticamente costosas, cuya explicación debe anticiparse antes de que estallen en crisis públicas.
Urge definir con claridad qué se comunica, quién lo comunica y para qué. Establecer filtros, protocolos y momentos. Separar lo personal de lo institucional. Anticipar escenarios de riesgo. Preparar respuestas antes de que la polémica domine la conversación. Responder con datos, contexto y pedagogía.
ENTRE GITANOS
ESCUELA MUNICIPALISTA
La Escuela Municipalista de Morena, realizada en Oaxtepec, reunió a la jefa de Gobierno Clara Brugada, a la gobernadora de Morelos Margarita González Saravia, a la dirigencia del partido, presidentes y presidentas municipales del país, y a alcaldes y alcaldesas de la CDMX, en torno a una idea central: la Cuarta Transformación ya no puede improvisar en el territorio.
Fue un ejercicio de alineación política y técnica. Clara Brugada les recordó que gobernar desde lo local exige método, formación y coordinación permanente. La gobernadora de Morelos lo dijo sin rodeos: el municipio es la primera ventanilla y la más expuesta al desgaste. Se habló de finanzas, de servicios, de coordinación intergubernamental, pero sobre todo de que gobernar también es saber comunicar.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com