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Prudentes cartas diplomáticas

Prudentes cartas diplomáticas

Columnas viernes 18 de marzo de 2022 -

La educación de una élite política, ostenta en el término “prudencia”, una síntesis de su “deber ser”. La “prudentiam” latina, nos conduce a la actitud que invita al sujeto a “comportarse según las circunstancias”, en donde hay que saber medir la situación procurando, ante todo, evitar reacciones espontáneas que comprometan los intereses no simplemente de la persona, sino -sobre todo-, de su nación en caso de que la representen.

En una de las más importantes doctrinas filosóficas como la estoica, la educación prudencial apela al conocimiento que puede obtenerse a partir del estudio de la historia, pues si bien es cierto que en la historia quedan retratados los hechos de eminentes gobernantes, cuyos descendientes, en caso de la realeza, enumeran a los sujetos de la historia, y una mezcla de pedagogía con orgullo nobiliario, se entremezclan en una idealización a la que reconocen el poder educador del ejemplo.

Semejar a los grandes antepasados. Emular los hechos de gobernantes prudentes, respetuosos de esa historia que es “maestra de la vida”, y afirmar el poder dinástico, será un clásico argumento para justificar el por qué de la realeza y su educación histórica, cuyo valor no es necesariamente por su principio orgulloso, sino porque los que son retratados, son otros seres humanos expuestos a circunstancias cuya complejidad bien los pudo empujar a realizar acciones sorprendentes, como todas esas que nutren los grandes momentos de las civilizaciones.

La prudencia se cultiva con el ejemplo. Alecciona sobre cómo hablar y a quién hablar. Qué palabras utilizar. Qué temas evitar. Y viendo cómo lo hicieron otros seres humanos a lo largo del tiempo, el hecho se hace vívido, y se impregnará en las narraciones inmortales de la historia.

Un gobernante debe de ser prudente -sí, con ese imperativo ético que todo participante de la vida pública debería tener-, y si ama tanto la historia como presume que lo hace, entonces debería de comenzar por reconocer el valor del conocimiento histórico que antes que erudición, es un leal consejero que antes que nada nos aconseja evitar cometer estupideces que le sean cobradas a los pueblos a los que se representa,

Un gobernante imprudente, es también ejemplo, pero de lo que no se debe de hacer, como redactar cartas soeces a gobiernos extranjeros a los que se les debe de contestar con dignidad y respeto, y no con la envalentonada furia del tirano iracundo. La prudencia también se cultiva estudiando a miserables, a ineptos, a déspotas y fracasados. Los hechos de crueldad nutren páginas como aquellas de Tácito en los Anales del Imperio Romano, donde dos personajes como Nerón y Calígula serán obras de arte, y patrimonio para el estudio de esas vilezas que también conforman la historia.


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