Nadie con un poco de conciencia política puede olvidar el pensamiento del gran Maquiavelo sobre la degeneración de los pueblos, que por encima de la abstracción que nos pueda representar el término envuelto en los ropajes de la tradición republicana -con esas sagas espléndidas que la cultura romana ha llenado de valentía y gloria-, muy distinta es cuando lo que ocurre es fomentar el degenere de un conglomerado al que no se le exige y se le privilegia en todo.
Cuando los gobernantes, en pos de mantener las lealtades garantizadas, convierten al pueblo en un consumidor de dádivas, en lugar de mantener vivo el ingenio y el esfuerzo, concede privilegios que difícilmente un día podrá quitar al menos por las buenas. El célebre florentino advierte las terribles medidas que tendrán que tomarse para desapegar al conglomerado de los beneficios que no pueden confundirse con derechos, sino con migajas miserables que como advierte en los Discursos a la Primera Década de Tito Livio.
Un derecho es un principio racional que tiende hacia el ordenamiento y perfeccionamiento de una persona, fomentando el respeto a las instituciones y a los congéneres, no por el fácil aplauso hacia el tirano en turno, sino porque a través de la institucionalidad ese ser violento y burdo, se transforma en ciudadano, es decir, en una persona formada para garantizar el funcionamiento de la civilización. Ser ciudadano trae consigo la cultura del deber: educación; trabajo; costumbres, etc…
El beneficio vacuo, donde no se transforma a las personas, sino que se les nutre en sus miserias, es la peste que un gobierno responsable no debe tolerar. Cuando un programa social que obsequia dinero público por hijo en la escuela, en donde los padres se quedan con el recurso y los hijos no asisten a cumplir su deber por embriagarse en la calle, y ante el temor de perder el beneficio, llega el desvergonzado padre a amenazar con un machete al profesor para que no repruebe a uno de sus veinte hijos, el mal de la política pública muestra su esplendor.
Si el campesino no siembra maíz, porque se le da el doble de recurso si alega que no hubo cosecha por plaga o algún meteoro y, sin más, recibe la ayuda, todo porque se presume un supuesto origen bondadoso de personas que como cualquier otro ser humano, en condiciones donde no se responsabiliza a nadie, y no se le exige el cumplimiento del deber, tienen a esas bestias enjauladas que cuando el dinero se acabe, será la misma caterva enajenada que destruirán a los que tras los barrotes de su jaula los alimentaron para obtener sus favores, y los que hoy se les entregan, serán los verdugos de sus otrora señores.