Ricardo Monreal, aspirante presidencial de Morena, ganó casi treinta estudios metodológicos que se aplicaron en vísperas del mecanismo final para conocer al ganador de la elección interna a competir por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2017. De hecho, el desempeño que mostró el zacatecano, en esas fechas, había generado un efecto muy positivo entre la opinión pública, pues su trabajo como alcalde de la Cuauhtémoc generó las condiciones al punto en que, ninguna otra perspectiva, se había considerado. Es decir, al encabezar Monreal un sinfín de encuestas de prestigio, dábamos por hecho que él, llegado el momento clave, el partido de Morena lo declararía triunfador.
El caso es que, un estupor, mostraba otros datos que eran difíciles de digerir al declarar a una ganadora que, es un hecho, jamás superó el dominante paso de Ricardo Monreal. Dicho en otras palabras, no había un fundamento sólido que justificara otro escenario. Todos los estudios previos favorecieron a Monreal; es más, la distancia que había acumulado el zacatecano era técnicamente imposible de rebasar, dado el margen holgado que siempre mantuvo en los meses preliminares a la determinación interna.
Sin embargo, en 2017 se perpetró uno de los fraudes internos más evidentes y notorios en la comisión nacional de encuestas del partido de Morena. De hecho, jamás hubo una evaluación entre los participantes. Fue, ni más ni menos, una determinación unilateral la que se tomó en aquella ocasión, pues de otra forma no podemos calificar lo polémico que significó ese hecho que, sin lugar a dudas, marcó un retroceso en la vida democrática del movimiento.
Desde ese momento, se diluyó la idea de un mecanismo que parecía democrático en el papel. En efecto, Ricardo Monreal tuvo que ser, en 2017, el candidato de Morena a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Así. Durante meses encabezó el pulso ciudadano y, una imposición sesgada que adoptaron, nos ayudó a comprender el grado de maquinación interna que se vivió en 2017.
Se concluyó, evidentemente, que Ricardo Monreal fue siempre el ganador legítimo del proceso electoral del 2017. Todo mundo coincidió en ese hecho, incluso esa percepción la abrazó el secretario de Gobierno, Adán Augusto, en una entrevista con Milenio. Añadió, en ese sentido, que el zacatecano dominó todas las encuestas a priori. Todas ellas de confianza y credibilidad. De hecho, en medio de esa charla puntualizó que Monreal, en esa etapa, tuvo que ser el candidato de Morena a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. En virtud de ello, lo único que- políticamente podía pasar- era una maquinación como la que el zacatecano fue víctima de fraude.
Solo así podían arrebatarle una candidatura cantada a Ricardo Monreal. Desde entonces, la encuesta de Morena fue el comienzo de la degradación de una toma de decisiones que, a la postre, ha generado encono, confrontación y polarización, pues, con justa razón, los actores inmersos al movimiento han alzado la voz para clamar democracia y pluralidad dada la desconfianza que provoca la encuesta que no termina por sentar las bases para contribuir a la transparencia.
Ayer, por ejemplo, Ricardo Monreal recordó el fraude que vivió en carne propia. Él ganó; él fue el candidato legítimo de Morena en 2017. Ese hecho lo ratificó el secretario de Gobierno, Adán Augusto, en una entrevista en un medio nacional que, por cierto, se multiplicó esa difusión. Por lo tanto, el encargado del despacho de Bucareli, se suma a las voces de aquellos que, por experiencia, sabemos que la encuesta es una simulación, más concretamente desde la dirección nacional de encuestas de Morena.
Y ahora que ese hecho se denuncia públicamente, seguramente el presidente Obrador tomará determinaciones importantes y, el consenso, se vuelve una opción clave para resolver el proceso interno porque, de cierta forma, la encuesta es, ni más ni menos, un mecanismo fácil de manipular desde la cúpula del poder institucional del partido, máxime por lo que relató Adán Augusto en un medio nacional.
Más claro que el agua: hay tres aspirantes presidenciales que no están de acuerdo con ese mecanismo que aplica Morena y eso, en un futuro inmediato, puede influir para cambiar la forma que pueda ser fundamental para sacar un abanderado de unidad.
En esa coyuntura, ya lo dijimos, el perfil más maduro y experimentado es Ricardo Monreal: el único de los cuatro perfiles capaz de convencer a todos dada su capacidad probada y comprobada desde hace 43 años. Él, con todas esas virtudes a su favor, tiene grandes posibilidades de convertirse en el abanderado presidencial de Morena, y en el futuro presidente constitucional de México.
Notas finales
Ricardo Monreal insistió la tarde de ayer miércoles en que a nadie conviene la confrontación ni estirar la liga en la relación institucional entre Poderes, luego de que el senador Alejandro Armenta denunciara presuntas amenazas que provenían de un teléfono acreditado a la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Norma Piña.
Y es que al inicio de la plenaria de la Comisión Permanente, Armenta denunció que el martes pasado, alrededor de las nueve de la noche, recibió una serie de mensajes, presuntamente del número telefónico de la titular de la SCJN, “con la muy probable intención” de presionarlo, intimidarlo o amenazarla por su desempeño como legislador federal.
Sin duda, la revelación del senador escaló la tensión entre legisladores de Morena y los ministros de la Corte, por las resoluciones del máximo tribunal en torno a las reformas de la 4T, como el llamado “Plan B” en materia electoral y las iniciativas para que los integrantes del Poder Judicial sean electos por medio del voto de las y los ciudadanos.
Pero como en todo conflicto en alguien debe caber la prudencia, Ricardo Monreal manifestó su solidaridad al presidente del Senado, pero también se resistió a creer que la ministra presidenta de la Suprema Corte lo amenazara de manera directa.
“Yo conminaría a ambos a sentarnos a buscar un acuerdo de respeto entre los Poderes… considero que (ella) es una mujer impasible y el senador es un hombre prudente, lo que tenemos que hacer todos es un poco disminuir la pasión. No conviene mayor confrontación, no conviene estirar la liga de la relación institucional, a nadie”, expresó el senador en una entrevista.