El enfrentamiento político entre demócratas y republicanos puede derivar en un problema internacional, de proporciones impensadas, pero con la certeza de una crisis financiera.
El 19 de enero de este año, Estados Unidos alcanzó su techo de deuda al superar la barrera de los 31,4 billones de dólares. Con esta cifra rebasó su límite legal de endeudamiento, es decir, la cantidad de dinero que el Gobierno está autorizado a pedir prestado para hacer frente a sus obligaciones legales como son: el pago a la Seguridad Social y Medicare, los salarios de los militares, los intereses de la deuda nacional o las devoluciones de impuestos, entre otros servicios que proporciona el Estado.
Aunque Estados Unidos carga con deuda desde su fundación, la cifra actual es la más alta que ha tenido. Es seis veces mayor que la alcanzada a principios del siglo XXI: en dos décadas el país ha sumado 28,5 billones de dólares a su deuda. Además, desde Washington prevé que continúe creciendo año tras año durante la próxima década.
Para garantizar que el Gobierno federal tenga cierto margen de maniobra y pueda seguir pagando en los próximos meses, el Departamento del Tesoro ha activado una serie de maniobras fiscales extraordinarias al tiempo que insta a los líderes del Congreso por carta a elevar el techo de deuda.
La posibilidad de que Estados Unidos no sea capaz de pagar su deuda pública a partir de este verano, está rondando el terreno de lo muy posible y no es que solo estemos hablando de un problema económico, la verdad con una economía en plena recuperación, el pleno empleo y un dinamismo innovador, el país tiene sobrada capacidad económica y financiera para hacer frente a sus deudas. Sin embargo, el famoso “techo de deuda” junto con un nivel de polarización política sin precedentes (que permitiría a la mayoría Republicana que controla el Congreso alargar la negociación y en última instancia, impedir el alza de dicho techo) constituyen un tóxico cóctel que podría desestabilizar seriamente los mercados financieros internacionales generando una recesión global y cuestionar el papel hegemónico del dólar.
Para garantizar que el Gobierno Federal tenga cierto margen de maniobra y pueda seguir pagando, la secretaria del Tesoro, Janet L. Yellen, ha anunciado medidas extraordinarias que buscan cubrir los gastos que el Gobierno ya tiene comprometidos en el corto plazo dando a los legisladores más tiempo para negociar, suspender o aumentar el límite. Esta ingeniería fiscal podría aliviar la situación hasta el 5 de junio, pero sí a partir de ese momento el Congreso no aumentar el techo de deuda, Estados Unidos podría llegar a una situación sin precedentes: el impago que, si se prolonga, desataría una crisis incluso de carácter mundial.
@arnc7