La tragedia que enlutó al país, cuando colapsó un tren de la tristemente famosa Línea 12 del Metro, en la estación Olivos, nos recordó una valiosa enseñanza. Los primeros en llegar al lugar del siniestro fueron los vecinos de Tláhuac, que sin pensarlo dos veces y como pudieron, con sus propias manos y sin herramienta alguna se dedicaron a rescatar a personas que quedaron atrapadas entre los escombros y a confortar a los sobrevivientes de este terrible suceso. Organizaron una “cooperacha”, desprendiéndose de sus pocos recursos para compartirlos y comprar gasas, alcohol, vendas y hasta pan, café y tortas.
También, acompañaron a quienes llegaron desesperados a buscar a sus seres queridos tanto al lugar de la tragedia, como en los diferentes hospitales.
Eso es un gesto muy solidario y nos hizo recordar el terremoto del 19 de septiembre de 1985 y después, el del 19 de septiembre del 2017. Igualmente, los primeros en salir a prestar ayuda fueron miembros de la sociedad que actuaron con prontitud ante unas autoridades rebasadas. Lo mismo ocurrió la noche del pasado lunes, cuando nadie podía suponer que ocurriría la peor de las tragedias en la historia del Sistema de Transporte Colectivo, independientemente de que se registró a un mes de las elecciones. Esta, sería una vertiente política, pero ese es otro tema.
La molestia de la ciudadanía no solo de Tláhuac, está justificada, ya que vecinos de esta y otras demarcaciones, desde hace años, han venido reportando las muchas fallas que tiene en su estructura toda la red del Metro. Nadie hizo caso y no quedó más remedio que aplicar aquella máxima que dice: “después de ahogado el niño, hay que tapar el pozo”.
Pareciera que la Línea 12, tuviera mala suerte o “mala vibra”, pues es donde se ha dado el mayor número de accidentes, pero no, se trata de una cadena de serias irresponsabilidades y por eso hoy la consigna es esclarecer esta tragedia, encontrar a los responsables que puede estén más cerca de lo que se pudiera imaginar y que eso no se quede solo en el discurso.
Lo que sin duda es digno de reconocer, es la actitud de los vecinos de Tláhuac y su solidaridad para con aquellas 25 familias que lamentablemente perdieron a algún ser querido y con aquellos que no fueron atendidos, a quienes ninguna autoridad se les acercó ni les ha tendido una mano.
La noticia de la tragedia dio la vuelta al mundo y se pudo ver a madres y padres que perdieron hijos, o mujeres que vieron partida su vida y su familia y todavía en la adversidad, lucharon por rescatar un cuerpo o una vida, caminando en medio de la desesperación de la noche de ese trágico día y topándose con un mar de desinformación y burocratismo, por eso es tan importante la solidaridad mostrada en Tláhuac.
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