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WeBarely Work

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Columnas jueves 09 de noviembre de 2023 -

WeWork, una de las compañías de oficinas inteligentes y de coworking más grandes del mundo, se ha declarado en bancarrota. Las explicaciones de los analistas, en general, apuntan al modelo de trabajo en casa y trabajo híbrido que produjo la pandemia, y que, pasada la crisis sanitaria, no desapareció sino que se consolidó en ciertas industrias y ciertas latitudes. Disiento.

Decir que “por lo de la pandemia” está quebrando WeWork, es una sobre simplificación. El trabajo a distancia ha ido más bien a la baja, y el trabajo híbrido empezó a usar, más bien, ese tipo de opciones de oficinas compartidas y sin compromisos de arrendamiento de largo plazo. Los propios analistas dicen que también fue un ejemplo de varias empresas “innovadoras” que hasta hace unos años le daban una vuelta de tuerca a una necesidad de siempre (transporte, hospedaje, oficinas en este caso), y convencían a inversionistas a meter billones creyendo que habían encontrado al nuevo unicornio.

En todos esos casos, las empresas se enfrentaron a obstáculos difíciles de anticipar porque ellos mismos los habían provocado (el estallido violento de todos los taxistas de una ciudad, el lobby cada vez más organizado de hoteleros contra una empresa específica bajo argumentos de elusión fiscal), y además padecieron la euforia de las startups exitosas, a saber, que lo más racional es crecer hasta el infinito, adquiriendo la deuda que sea necesaria. Es una mala estrategia.

Pandemia o no, trabajo a distancia o no, la atmósfera de los co workings en 2023 ha cambiado respecto a la de 2018. Estas oficinas se presentaban como alternativas flexibles y económicas a los espacios tradicionales para profesionistas en su actividad cotidiana, tanto operativa como de relaciones públicas: en una palabra, conservando el profesionalismo.

Actualmente, son espacios que se asemejan más a guarderías, con jóvenes vestidos de payasos sentados en el suelo, “trabajando” en sus laptops. Una parte de quienes tienen incentivos para usar esas oficinas, no quieren trabajar junto a ese circo, ya no digamos llevar a un posible cliente.

A esto se añade el matiz de que, al menos por ahora, la empresa no cerrará oficinas en ningún lugar del mundo salvo Estados Unidos, lo que implica que los cambios de espacios laborales tienen particularidades por región.

El movimiento de regresar a las oficinas está tomando fuerza, y las personas que abogan por conservar el trabajo permanente en casa, no ven que están quedando en una posición sumamente frágil, a menos que su labor sea repetitiva, operativa y mediana. Un director real que dirige desde su casa y nunca ve a nadie cara a cara, no será director por mucho tiempo.

Algunos países que son termómetros de política laboral capitalista que luego se replica en lo posible, como la India, están volviendo a la oficina de tiempo completo, y liderados por las empresas de tecnología, que serían, teóricamente, las que más defenderían el modelo de trabajo a distancia. En Estados Unidos, por cierto, la primera empresa que obligó a los empleados a volver al trabajo presencial fue Apple, a quien le sobrarían recursos para que todo mundo se quedara en su casa de por vida; por algo será.

Estos años fueron un experimento forzoso que ahora se ajusta, pero como siempre, las personas que son directamente afectadas no ven algunos puntos importantes. Esto nunca se trató de “humanizar el trabajo” ni de “permitir el balance vital” de nadie. Era un tema de recortar costos y responsabilidades: el empleador se ahorraba la renta de la oficina, la luz eléctrica, el internet y hasta las indemnizaciones, porque no es un accidente laboral si el empleado se resbala y se rompe el cuello en su propia casa.

Estados Unidos está en una situación peculiar pero también insostenible a largo plazo; ahí los empleadores están siendo más flexibles porque la gente no quiere trabajar en absoluto, y muchos viven de apoyos gubernamentales. Pero cuando la fuerza de trabajo vuelva a normalizarse, se normalizarán las políticas de control. Y sigue siendo bidireccional, pues más del 60% de personas encuestadas por Owl Labs, quien tiene la encuesta más seria desde hace 7 años sobre el tema, aceptarían más del 10% de recorte salarial si les permitieran seguir teniendo trabajo híbrido.

Casualmente, mientras los tribunales y los legisladores han puesto más responsabilidad al empleador a pesar de que el trabajador no vaya (desde horarios restringidos hasta facturación de sobre tiempo desde casa), a las empresas les deja de gustar ese modelo, porque lo cierto es que la lógica corporativa no sólo se trata de productividad; de cierto nivel hacia arriba, también se trata de control, y la mística del control pierde muchísimo si se pierde la oficina. Así que casi todos volverán, y si a ti no te necesitan nunca presencialmente, muy probablemente prescindirán fácilmente de ti, cualquier día, también remotamente. Aguas ahí.

Pero además de eso, las personas que sólo mandan documentos y correos electrónicos desde su casa, y lo hacen por meses o años, acaban teniendo un rol insignificante en la política que se hace dentro de la empresa, y el confort enmascara la fragilidad de su posición y de su futuro. Hasta que los corran escribiendo mal sus nombres en el correo electrónico de notificación, porque nadie sabe ni quiénes son. Y no lo ven.


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/CR

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