Los políticos mexicanos son una basura, y de todos los olores, colores y sabores, para que quede muy claro. Lo que les interesa es el poder, como a todos los políticos del mundo, pero en México una vez que lo tienen ni siquiera se preocupan en disimular que el país les importan un cuerno.
Les importan tan poco el país que ante la evidencia de sus fracasos, y a sabiendas de lo mismo, porque incluso muchas veces son los propios arquitectos de esos fracasos, insisten en llevar a México al despeñadero, al fin que se siente impunes.
El tema de la seguridad, o inseguridad, como se le quiera ver, es ha sido y será un rotundo fracaso de los de antes, y de los de ahora, los "diferentes e históricos".
Pero muchas veces se llega a niveles intolerables e insostenibles, fue el caso de la criminal política de "seguridad" que se implementó el sexenio pasado y cuyo autor seguramente jamás rendirá cuentas, aunque ojala y la historia de verdad lo ponga en el lugar que se merece y no en el que dice y quiere tener, considerándose como un prócer nacional cuando no fue y no es otra cosa más que un criminal que mandó a la muerte a miles de mexicanos con la política de "seguridad" más monstruosa de toda la historia de la nación y que se resumen en su, esa sí, histórica frase: "Abrazos, no balazos".
Así llegamos a estas instancias del mes de enero de 2026, con el júbilo presidencial tratando de vendernos que su estrategia contra la inseguridad sí ha dado resultados y que según ella esto llevó a una caída de 30% en los homicidios doloroso el año pasado.
Nada nuevo, todos cacarean lo mismo con sus cifras a modo, pero México se sigue desangrando día con día, hoy nos venden un espejismo del que despertaremos tarde o temprano.
Para empezar, se cambió la estrategia ante el rotundo fracaso y el baño de sangre que generó la de su antecesor, pero nunca lo reconocerá. Este cambio de estrategia fue prácticamente obligado desde allende nuestra frontera, porque es altamente probable que si no fuera por eso seguiríamos en los estúpidos abrazos.
Hoy nos dicen que ya hay resultados, pero bastará que pase el tiempo para que nuestra terca realidad vuelva a imponerse.
Dicen que para enfrentar una enfermedad primero hay que reconocer que la tenemos.
México tiene en la inseguridad su más grande problema social en un siglo, o quizás más atrás. Y lo peor no es eso, lo peor es que todo ha fracasado, desde la infame guerra de Calderón hasta los estúpidos abrazos del iluminado.
Ante el rotundo fracaso, ¿no será tiempo de mirar hacia afuera y aceptar una ayuda que es urgente para nuestro país?
Y que conste, nadie está pidiendo la intervención de un ejército extranjero en México, que por lo demás tampoco sería mala idea para erradicar ese cáncer que nos está matando.
Pero, quizás ha llegado la hora de que otras fuerzas especializadas en combatir a este tipo de delincuentes, terroristas se quiera reconocer o no, así como otras estrategias, armamento, inteligencias y tecnologías, nos ayuden a acabar de una vez por todas con el mayor drama en México desde la era de la revolución.
Ojalá abordemos con toda seriedad la posibilidad de traer a nuestro país la ayuda que urge desde hace muchos años, y nos dejemos de nacionalismos rupestres y baratos, reflejo solo de que los miserables que gobiernan, del color que sea, les importa un carajo el país y, sobre todo, las siguientes generaciones.