La última columna y nos vamos al 2023, con la esperanza de que los sucesos que marcaron el año que estamos despidiendo nos deje algo transformador.
Durante el 2022 ocurrieron hechos que no pueden permanecer invisibilizados, espero nos lleven a la reflexión de la importancia de unirnos en la exigencia de acceso a la justicia, la reparación del daño a las víctimas y la no repetición. Mientras la inseguridad, violencia, negligencia y la impunidad permanezcan, existe la posibilidad de que las próximas víctimas podamos ser nosotros mismos.
En la vorágine de los hechos lamentables que enmarcaron este año, nos indignamos, nos alertamos, incluso nos asustamos o entristecemos, pero una vez que las historias dejan de aparecen en los espacios informativos, dejamos solas a las victimas y sus familias, en su búsqueda de justicia.
Por ejemplo, los papas de Abner, el niño que murió ahogado a causa de una negligencia en la alberca de su escuela en la Ciudad de México, siguen llorando la irreparable ausencia de su hijo y al mismo tiempo encontrando el coraje para buscar justicia. Como sociedad lo que nos falta es unirnos a esa lucha y no solo mirar de lejos, para así garantizar “en colectivo”, que ninguno de nuestras hijas e hijos esté en vulneración. La muerte de Abner no fue un accidente, él fue víctima de la desprotección de las personas que estaban a cargo de su cuidado.
Y lo que tampoco fue un accidente, fueron las muertes de Debanhi Escobar, encontrada sin vida en un hotel de Nuevo León; y Ariadna Fernanda, encontrada sin vida en la carretera México- Tepoztlán, ambas muertes con dos comunes denominadores: irregularidades en las investigaciones por parte de las fiscalías locales y el prejuicio social. A Debanhi y Ariadna, las culparon de sus propias muertes, por salir de noche, por divertirse y beber alcohol. No se nos puede olvidar, antes de que termine el año, que nuestra juventud tiene el derecho a salir de noche a divertirse, sin que eso represente un riesgo mortal.
En el 2022, también nos quedaron amargas historias a las que no deberíamos restarles importancia y sumarlas al olvido por la lejanía. Una de ellas fue la muerte de la joven kurdo-iraní Mahsa Amini por no llevar bien colocado un velo en Irán y el reciente veto a las mujeres de Afganistán a la Universidad.
Queridas lectoras y lectores, deseo que este 2023 nos deje en la memoria colectiva, la capacidad para siempre exigir nuestros derechos, como una forma de vivir en armonía y libertades. Mis mejores deseos para ustedes y los suyos. Nos vemos renovados en el año venidero.