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¿Son reales las armas sónicas detrás de la caída de Maduro?

¿Son reales las armas sónicas detrás de la caída de Maduro?

Columnas miércoles 28 de enero de 2026 -

La noticia ha sacudido los titulares internacionales: la captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, más allá del hecho político, hay un detalle que ha corrido como la pólvora en los foros de seguridad y redes sociales: el presunto uso de "armas ultrasónicas" para neutralizar a su anillo de seguridad y al propio mandatario sin disparar una sola bala letal. Para el ciudadano común, esto suena a película de ciencia ficción, a una tecnología sacada de una novela distópica. La pregunta obligada es: ¿Es esto posible hoy en día o es solo un mito urbano de la guerra moderna?

La respuesta corta es: sí, es totalmente posible. Y lo más inquietante es que la tecnología no es nueva, simplemente se ha perfeccionado.
Para entender cómo pudieron haber operado estas armas en una operación de extracción de alto nivel, hay que dejar de pensar en "pistolas láser" y empezar a pensar en el sonido como una fuerza física. El sonido son ondas de presión. Cuando vas a un concierto y te paras frente al altavoz gigante, sientes que el pecho te vibra. Eso es el sonido golpeando tu cuerpo.

Ahora, imagina concentrar esa energía, no en una onda expansiva abierta, sino en un haz directo, como si fuera un francotirador, pero de audio.

Existen dos variantes principales que las agencias de inteligencia llevan años desarrollando. Primero están los dispositivos de largo alcance, conocidos como LRAD (Long Range Acoustic Device). Estos ya se usan para controlar manifestaciones; emiten un sonido tan agudo y potente que el cerebro humano no lo tolera, obligando a las personas a huir tapándose los oídos por el dolor físico inmediato. Pero estos son ruidosos y evidentes.

La segunda variante, y la que se especula que se utilizó en esta operación reciente, es la de frecuencias inaudibles: el infrasonido (muy grave) o el ultrasonido (muy agudo). Aquí es donde entra el verdadero peligro táctico.

El cuerpo humano tiene un "giroscopio" natural ubicado en el oído interno: el sistema vestibular. Es lo que nos permite estar de pie y saber dónde es arriba y dónde es abajo. Las armas ultrasónicas modernas tienen la capacidad de atacar específicamente este sistema.

Si se apunta un dispositivo de ultrasonido dirigido hacia una habitación específica, las ondas pueden atravesar vidrios y paredes delgadas. Al impactar con el tejido humano, estas frecuencias pueden generar una resonancia en el oído interno sin que la víctima escuche nada en absoluto.

Los efectos son devastadores e inmediatos: vértigo incontrolable, náuseas violentas, pérdida total del equilibrio, migraña instantánea y confusión mental. Básicamente, incapacitas al objetivo. No importa cuántos guardaespaldas armados tenga una persona; si el guardaespaldas no puede mantenerse de pie porque el mundo le da vueltas y está vomitando, no puede disparar. Es la herramienta perfecta para una captura "limpia".

Aunque el uso contra un jefe de estado sería un hito, no sería la primera vez que escuchamos de esto. El antecedente más famoso es el llamado "Síndrome de La Habana", reportado por primera vez en 2016. Diplomáticos estadounidenses y canadienses en Cuba empezaron a reportar síntomas extraños: mareos, dolor, zumbidos y daños cerebrales leves sin causa aparente.

Durante años se debatió si fue histeria colectiva o un ataque. Hoy, muchos expertos en seguridad coinciden en que fueron pruebas de campo de dispositivos de energía dirigida o acústica. Lo que vimos hoy con la captura de Maduro podría ser la evolución táctica de esos experimentos: una aplicación militar precisa para neutralizar un objetivo de alto valor minimizando el daño colateral.

Desde el punto de vista estratégico, el uso de tecnología sónica en una operación de esta magnitud tiene todo el sentido del mundo. Primero, ofrece "negación plausible"; es decir, al principio nadie sabe qué pasó, solo que la gente se enfermó de repente. Segundo, evita el baño de sangre de un tiroteo convencional, lo cual es vital si se quiere capturar al objetivo con vida para ser juzgado.

Además, el terror psicológico que genera es inmenso. Un soldado se entrena para esquivar balas, pero no hay entrenamiento posible para evitar que tu propio cerebro te traicione y te haga caer al suelo mareado.

Si se confirma que esta fue la tecnología decisiva en la operación, estamos ante un cambio de paradigma en la seguridad global. Las paredes de un palacio presidencial o un búnker ya no son protección suficiente si el "enemigo" puede proyectar una onda invisible que te incapacita desde cientos de metros de distancia.

Hoy hablamos de Venezuela, pero la realidad es que esta tecnología ya está aquí. Las armas ultrasónicas han dejado de ser teoría conspirativa para convertirse en una capacidad operativa real. La guerra del futuro no será necesariamente más ruidosa con bombas más grandes; al contrario, podría ser aterradoramente silenciosa, donde la primera señal de ataque no es una explosión, sino el simple hecho de perder el equilibrio.

Octygeek / Alejandro del Valle Tokunhaga

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/CR

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