La educación es un derecho humano consagrado en el artículo 3° Constitucional, el cual tiene como objetivo garantizar el acceso a la educación básica, media y superior de las personas. Desde la reforma constitucional del 15 de mayo de 2019 mediante la cual se adiciono la fracción X a este artículo 3°, se ha establecido como una obligación del Estado la de brindar acceso a la educación superior.
La protección de este derecho le corresponde al Estado, el cual actualmente no cuenta con la capacidad para garantizar el acceso a la educación a todas las personas, como ejemplo de ello, dos de sus principales instituciones educativas de nivel superior como lo son; la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) aceptan anualmente menos del 25% de los aspirantes que concursan para obtener un lugar en este nivel educativo.
Al ser la demanda tan elevada y las instituciones públicas al no contar con la infraestructura para admitir a todos los jóvenes, se ven obligados a buscar una alternativa en instituciones del sector privado.
El problema que enfrentan los jóvenes que buscan continuar con sus estudios en instituciones privadas son los elevados costos, principalmente el de las Universidades de “renombre”, sin embargo, para muchas familias se vuelve casi imposible costear estas universidades, lo cual ha generado una gran deserción por parte de la juventud mexicana. En 2020 aproximadamente 628 mil jóvenes se vieron obligados a abandonar sus estudios por falta de oportunidades y de recursos.
Es por ello que en diversas carreras han proliferado las denominadas despectivamente “universidades patito” las cuales deben dejar de ser vistas a la luz de criterios clasistas. Muchas de estas instituciones educativas se esfuerzan por brindar educación de calidad a bajo costo y le dan la oportunidad de continuar con sus estudios a miles de jóvenes en todo el país, con el único defecto de la falta de “renombre” o “prestigio” (criterios por cierto altamente subjetivos) pero ello no quiere decir que no cuenten con instalaciones adecuadas y profesores de alto nivel.
Estas instituciones educativas hacen una labor de apoyo al estado, en la prestación de los servicios públicos educativos a nivel superior. Calificar a priori a una institución educativa como “patito” parece olvidar la metáfora del patito feo, que se convirtió después en un cisne, y bajo otros criterios de apreciación, resultó mas elegante y refinado que el resto de los patos.
Tampoco debemos olvidar que, en algún momento, todas las instituciones educativas que hoy gozan de prestigio pasaron por una etapa de consolidación y crecimiento, para alcanzar cierto reconocimiento social y académico,
Flor de Loto: No existen “buenas” o “malas” escuelas, ni profesores. Lo que existen son estudiantes con ganas de aprender y otros, desafortunadamente, sin ese ímpetu.