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Columnas
La desesperación de la oposición los lleva a creer, pero sobre todo a hacer creer, que quienes se abstienen de votar están contra Morena, de ser así hubieran votado por la oposición. Pero prefirieron no hacerlo. Lo cual es muy respetable. México tiene el nivel de abstencionismo promedio de la mayoría de los países del mundo.
México no está entre los países de mayor abstencionismo, encabezado por Chile, Eslovenia, Mali, Serbia, Portugal, Lituania, Colombia, Bulgaria, Suiza, entre otros muchos; sin embargo, México es uno de los países del planeta que disminuye acelerada y permanentemente el abstencionismo.
La oposición quiere convencer de que los abstencionistas, a los que debe dedicarse mayor atención del gobierno, está rotundamente contra la 4T, son enemigos tan radicales que ni siquiera quisieron votar por la oposición. Dentro del abstencionismo hubo gente, sobre todo el pasado 2 de junio, que no pudieron votar. Cuestiones laborales, distancias, largas filas y faltas de boletas en las casillas especiales, cuestiones climáticas, entre otras impidieron a más de un millón de mexicanos que expresaran su voluntad política.
A la oposición se le han cerrado tanto las puertas de la política que ahora intenta echar mano hasta del abstencionismo para sentirse apoyado, problema del que es corresponsables. En México las razones de no votar nada tienen que ver con la limitación de sus derechos, es una opción libre.
Al no contar con un número importante de la población, la oposición atribuye al gobierno más enemigos, de los que tiene. Para la oposición no hay contrincantes, sólo enemigos, por lo que mantienen un discurso violento y maniqueo, se es amigo o enemigo, y basados en ese simplismo irreal, atribuyen a los abstencionistas una enemistad a muerte, contra la 4T.
Los mexicanos fuimos entrenados desde pequeños a ser abstencionistas, el desarrollo creciente de la participación en las urnas es un logro de la izquierda, algunos a su favor, otros en contra pero su presencia sólida movió a la gente que dejó la apatía habitual en el sofá.
Si tiene un contrincante el abstencionista en México es la clase política en su totalidad, incluyendo a la oposición, los excesos de sus plañideras en el Congreso desmotivan a cualquiera a participar en política y, sobre todo, a expresar libremente su voluntad.
El problema del abstencionismo es de todos, así como todos somos responsables, no es un síntoma sano de una sociedad democrática; al contrario, es una enfermedad que debe erradicarse pronto. Pero debemos recordar que fueron los regímenes anteriores lo que alejaron de las urnas a la población, con una dictadura de partido, donde no pasaba nada y sólo cambiaban la cara del Presidente de la República. El estancamiento de México es producto de la pasividad de los regímenes anteriores, que produjo la pasividad del electorado.