Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
La irrupción de la derecha radical en el escenario político internacional no puede explicarse sin observar su estrategia digital. ¡Partidos como Vox en España, AfD en Alemania o Chega! en Portugal han encontrado en las redes sociales un terreno fértil para sembrar mensajes de odio y construir una narrativa polarizante que divide a las sociedades.
Este fenómeno se ha fortalecido por la estructura misma de las plataformas digitales. Los algoritmos, diseñados para mantener al usuario enganchado, privilegian los contenidos más extremos, emotivos y confrontativos. Así, la viralización no depende de la veracidad, sino del potencial de indignación.
Una investigación del Centro de Estudios Internacionales "Gilberto Bosques" del Senado de la República, titulada “El uso de redes sociales como herramienta política”, expone que los líderes de la derecha radical utilizan mensajes breves, cargados de carga emocional, para imponer su agenda.
La plataforma X (antes Twitter) se convirtió en un vehículo potente para desprestigiar instituciones, adversarios y medios de comunicación, posicionándose como víctima del “sistema” y promotor de un “pueblo puro” en contra de una élite corrupta.
El 6 de enero de 2021, el mundo fue testigo de hasta dónde puede escalar el discurso radicalizado en línea. El asalto al Capitolio fue una consecuencia directa de la narrativa impulsada por Trump, quien acusó fraude electoral sin pruebas.
En América Latina, el caso del expresidente Jair Bolsonaro y su movimiento bolsonarista repitió el mismo patrón. Durante su campaña, su equipo utilizó WhatsApp para difundir desinformación y atacar a sus opositores, provocando una profunda polarización social.
Las redes sociales no sólo amplifican estos discursos. También generan comunidades cerradas que refuerzan sus creencias sin contrastarlas. Esta lógica tribal fortalece identidades políticas excluyentes que no toleran la diferencia ni el debate plural.
El fenómeno no es exclusivo de los líderes. Las organizaciones juveniles, como Junge Alternative en Alemania o las células digitales de Vox en España, emplean memes, videos cortos y transmisiones para captar nuevas audiencias, muchas veces alejadas de la política tradicional.
En este contexto, las plataformas digitales se han convertido en una arena donde se disputa el poder simbólico, emocional y electoral. Y los actores de la derecha radical lo han entendido mejor que muchos partidos tradicionales.
Frente a este escenario global, México ha mostrado una capacidad institucional para contener este tipo de fenómenos. A pesar de la presencia de discursos reaccionarios, no existe una fuerza de derecha radical con la penetración digital que se ha observado en otros países.
El gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo asume una oportunidad histórica para reforzar la educación digital, promover el pensamiento crítico y prevenir la desinformación que ha debilitado democracias en otras regiones.
Desde las instituciones mexicanas se establecen políticas públicas de comunicación social que incentivan el uso responsable de las redes, se fortalece la pluralidad informativa y se garantiza el respeto a los derechos humanos en el entorno digital.
Pero, corresponde a la ciudadanía asumir un papel activo en la verificación de información, el rechazo a los discursos de odio y la promoción de una convivencia democrática que no se vea condicionada por la lógica binaria del algoritmo.
En una época donde las emociones valen más que los hechos y los mensajes simplistas dominan el espacio digital, México resiste a esta ola de radicalización. La defensa de la democracia no sólo pasa por las urnas, sino también, por la pantalla del celular, como se ha demostrado en la reciente elección de las nuevas autoridades del Poder Judicial.
*Periodista | @JoseVictor_Rdz
Premio Nacional de Derechos Humanos 2017