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Columnas
La derecha, incluso la ultraderecha se adueñó del término sociedad civil y considera que puede hablar en su nombre, ante el desamparo de fuerzas más organizadas y sólidas en la sociedad mexicana.
Desde el PAN hasta las huestes de Eduardo Verástegui aseguran que millones de miembros d la sociedad civil los respaldan cuando en realidad al evento organizado en Polanco, en la reunión de la Conferencia Política de Acción Conservadora ni siquiera llenó la mitad de los lugares que se vendían en miles de pesos.
Ahí el actor que no logró reunir 200 mil firmas para ser candidato independiente para la Presidencia de México, anunció la creación de un nuevo partido, en un discurso donde señalaba al PAN de ser una derecha tibia, donde había zurdos neoliberales. La idea de crear un partido es una ilusión pero la ultraderecha tienen en México otros frentes que pueden ofrecerle cobijo a las huestes de Verástegui en nuestro territorio como es el caso del partido estatal de ultraderecha Vida, que logró su registro en Nuevo León.
En el evento se transmitió el discurso de uno de los fundadores de dicho organziasmo, Donadl Trump, quien asegurí que prtegerá su frontera sur y defnederá el estadod e derecho, no sólo en su país sino en “México y toda américa Latina”.
A la ultraderecha no le interesan las ijerencias extranjeras ni la dignidad sólo proteger los intereses en nombre de valores muy añejos que muestran su relativa utilidad en el mundo moderno Su fanatismo basado en moralinas y dogmas de fe muestran su obsesión por un pasado que en México tiene su antecedente más próximo en el tiempo en la Guerra Cristera, sus consignas de lucha son las mismas, el mismo discurso, las mismas ideas.
La Guerra Cristera terminó hace más de 95 años; sin embargo, la ultraderecha siempre nostálgica de los tiempos de la Colonia, añorando un reino omnipresente que gobernaba el destino de México.
La sociedad civil que dice representar la derecha y la ultraderecha no existe. Ellos captan parte de una clase media rebelde sin causa, con temores de fantasmas que fueron exterminados por la historia y mitos que sólo fortalecen con sus miedos.
Ellos no representan a nadie, se robaron el nombre ante la desesperación de ubicar algo concreto entre la nebulosa indiferencia de la mayoría de la población mexicana, pero, como sucede con los panistas, aseguran tener tras de sí millones de personas que ya mostraron su verdadera fuerza en las últimas dos convocatorias de la ex candidata de la derecha, en el INE y en el poder Judicial, a donde no asistieron, en total, más de mil personas.
EL partido y la asociación de Verástegui sólo serviría para crear un puente para intervenir, incluso violentamente en la política de México.