No me sorprende el escándalo mediático que desató el hecho de que el ministro Arístides Rodrigo Guerrero leyera, a manera de ilustración, en una sesión del Pleno, una definición tomada de un buscador de internet. Hubo quienes quisieron crucificarlo, como si el derecho fuera un recinto inmune a los tiempos digitales. Nadie ha dicho que el concepto esté mal. Todos usamos buscadores. El que esté libre de buscadores… pues, ¡qué anticuado!
Como lo escribí en columnas anteriores: la llegada de ministros jóvenes no es decoración institucional, es un cambio de época. El Poder Judicial sólo se renovará cuando deje de hablarse a sí mismo y empiece a hablarle al pueblo.
Lo que hizo Arístides fue lo que millones hacen a diario: consultar, contrastar, comprender. Pero como lo hizo desde la silla más alta de la justicia mexicana, los sótanos de las togas se alborotaron. Los mismos que en su momento rechazaron las audiencias públicas, hoy se escandalizan porque un ministro reconoce —abiertamente— el uso de una herramienta que todos utilizan en privado. Esas resistencias no son técnicas: son culturales. Temen perder el monopolio del lenguaje judicial.
La gente necesita juzgadores y ministros que hablen su mismo idioma, no guardianes de un templo procesal. Lo que Arístides hizo fue romper una barrera simbólica: llevó la inteligencia artificial y las búsquedas digitales al debate público. En lugar de esconder su uso, lo transparentó. Y eso, en un país donde la justicia suele operar entre códigos indescifrables, se agradece.
El ministro lo explicó con serenidad: la IA no sustituye el razonamiento jurídico, lo complementa. Es una herramienta de apoyo, no de decisión. Lo mismo ha planteado en foros académicos y dentro de la Corte. Y esa claridad importa, porque marca la frontera entre una justicia moderna y una tecnocracia jurídica sin alma.
El episodio, más que debilitarlo, lo posicionó. Arístides se ha convertido en el rostro visible de una nueva Corte, abierta, moderna, cercana. Lo que los críticos vieron como error, el pueblo lo leyó como cercanía. El ministro no perdió autoridad: ganó legitimidad.
Las resistencias internas —esos sótanos de las togas— no se miden en tuits ni editoriales, sino en silencios: los de quienes siguen creyendo que el juez debe ser invisible. Pero la transformación judicial que propone la 4T va por otro camino: democratizar la justicia, abrirla al escrutinio público, hacerla comprensible y útil.
Por eso el uso responsable de la inteligencia artificial en la Corte debe ser una decisión política. Se deben construir protocolos de transparencia, formar equipos con ética digital y mantener el principio fundamental de que la última palabra debe seguir siendo humana. Si la Suprema Corte asume ese reto con rigor y humildad, puede convertirse en punta de lanza no sólo de los tres Poderes de la Unión, sino de toda América Latina.
Esa es la Corte que viene: una que no teme al cambio, que se atreve —como Arístides— a hablar en voz alta lo que otros murmuran en los pasillos. Insisto, la modernidad judicial no se mide por la toga, sino por la transparencia. La tecnología no debilita la justicia cuando está al servicio del pueblo; la fortalece cuando se usa con ética, conocimiento y convicción.
La historia recordará este episodio no por el buscador, sino por lo que reveló: que los nuevos ministros no le temen a la claridad. Y eso, en estos tiempos, es un acto de justicia.
ENTRE GITANOS
CLARA, ANFITRIONA OBRADORISTA
En el Zócalo, Clara Brugada fue mucho más que la anfitriona del primer informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum: fue la intérprete del ánimo capitalino, la voz que une el origen y el destino del Obradorismo. En su discurso, con la plancha llena, habló de seguridad, de justicia para las mujeres, de transporte y bienestar, pero también de continuidad política. “Aquí nació la esperanza”, sonó más bien como un recordatorio.
La jefa de Gobierno se mostró cómoda en ese escenario: de pie junto a la presidenta, sin buscar reflectores, pero sabiendo que los tenía.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com