La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revisó al alza su estimación de crecimiento regional para este año, proyectando una expansión del 2.2% del Producto Interno Bruto (PIB), frente al 2.0% que había previsto en abril. El nuevo cálculo se da en un contexto internacional caracterizado por alta incertidumbre, tensiones geopolíticas y riesgos financieros.
El informe publicado este martes señala que el desempeño económico de la región continuará condicionado por factores como la debilidad de la demanda externa, condiciones financieras restrictivas y desafíos estructurales internos como el bajo dinamismo del consumo, escasa inversión, alta informalidad laboral y profundas desigualdades sociales.
En el panorama internacional, la CEPAL advirtió sobre la persistencia del proteccionismo, las tensiones entre potencias económicas y el riesgo de nuevas interrupciones en las cadenas de suministro globales.
Entre los países con proyecciones al alza destacan Brasil, cuya economía crecería un 2.3% este año (desde el 2.0% anterior); Chile, con un 2.4% (frente al 2.2% de abril); Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela, que también mejoraron sus expectativas. Para México, el organismo mantuvo sin cambios su previsión de crecimiento en 0.3% para 2025 y del 1.0% para 2026.
Respecto a otros países, Argentina mantendría una expansión del 5.0% este año y 4.0% en 2026; Colombia crecería 2.5% y Perú un 3.1% en 2025. A nivel regional, el crecimiento proyectado para 2026 es del 2.3%.
En materia de inflación, el organismo informó que esta se estabilizó en torno al 3% en 2024 y se prevé que se mantenga en ese nivel durante 2025 y 2026. Sin embargo, advirtió que los riesgos inflacionarios siguen siendo mayormente al alza debido al entorno global.
Sobre el empleo, la CEPAL anticipa una desaceleración en la creación de puestos de trabajo, aunque estima que la tasa de desempleo se mantendría estable, en torno al 5.6%.
Finalmente, la Comisión resaltó que las condiciones financieras internacionales presentan riesgos crecientes y una falta de sincronía en la política monetaria entre las principales economías del mundo, lo que podría impactar en la estabilidad económica regional.