Por Onel Ortíz Fragoso
@onelortiz
El próximo lunes 31 de octubre, el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) cumplirá 36 años de su aparición. Fue, junto con el de 1968, los movimientos estudiantiles más importantes de la segunda mitad del Siglo XX. Los estudiantes universitarios impidieron la privatización de la UNAM, retomaron el espacio público para la sociedad, rompieron la censura informativa y abrieron el camino para la democratización del país.
El sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) fue el último revolucionario y el primero neoliberal, más lo segundo que lo primero. En 1985, dos terremotos devastaron a la Ciudad de México. Ante la tragedia, la sociedad civil rebasó al gobierno. Con Miguel de la Madrid Hurtado, la Revolución Mexicana dejó de ser el eje del discurso oficial. El velo legitimador del movimiento militar, social y político más importante del país perdió su eficacia. Lo acabó la corrupción y la ineficacia de la clase política.
Cuando la palabra del Presidente era incuestionable y el PRI se desquebrajaba por dentro, pero por fuera seguía como un coloso; cuando AMLO aún militaba en el PRI y los partidos de izquierda luchaban por su unificación; cuando no había libertad de expresión y el gobierno era el único que llenaba con acarreados y burócratas las plazas y calles, el CEU defendió a la universidad pública y triunfó, porque no sólo fue un movimiento de masas que la mayoría de la comunidad universitaria de la capital apoyó, sino una generación de futuros profesionistas que derrotaron con argumentos al rector y al gobierno.
¿Cómo identificar a un ceuísta? No por el pelo largo y el morral al hombro. No por el libro o el periódico bajo el brazo. Un ceuísta nunca evade una discusión o un buen debate. Por cada argumento en su contra te dará dos.
El movimiento del CEU trascendió lo político-universitario. Incidió para que la sociedad capitalina tuviera más consciencia de sus derechos y libertades. Fue clave en el desarrollo de diversas expresiones de cultura popular como la música, los conciertos masivos. Fue el semillero de movimientos en defensa de la inclusión, tolerancia y equidad.
Los ceuístas de aquellos años somos los padres y abuelos de ahora. Muchos de ellos lograron ser personajes destacados en sus áreas profesionales o políticas. Estamos en todos lados, con más peso, menos pelo y uno que otro achaque. Varios se adelantaron, ya están apartándonos un lugar en la Gran Asamblea.
Los que estamos seguimos y seguiremos con una posición crítica de los acontecimientos del país y la voluntad de cambiar nuestra realidad. Por lo pronto, la convocatoria para las mujeres y hombres de alma ceuísta ya se publicó. Será el lunes 31 de octubre. Cuando el sol se oculte, nos vemos en el Salón Los Ángeles.