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Columnas
Las campañas parecen eternas, interminables, agotadoras. A dos semanas de que terminen las campañas federales y locales, algunas duraron hasta tres meses, la mayoría de la gente podríacoincidir en que se debe terminar con el derroche de recursos y energía, tanto de los partidos y candidatos, como del electorado. Urgen campañas más cortas.
Las nuevas legislaturas en los Congresos Locales, el Congreso de la CDMX y el Congreso de la Unión, tienen la tarea de revisar si es realmente necesario tener tantos días de campaña. Los tiempos son distintos, tantos días se justificaban cuando las y los candidatos tenían que visitar a la mayor cantidad de gente posible, toda vez que era la única manera de llegar a ellos. La prensa escrita, el radio y la televisión, estaban mayoritariamente al servicio de los poderosos.
Ahora, hay muchas formas de llegar a la gente, sin intermediarios, de manera directa, a través de las redes sociales y de manera muy especial, a través de sus teléfonos inteligentes. La gente está inmersa en las campañas, a toda hora, en su familia, en su escuela, en sus trabajos, con sus amigos, con sus vecinos. Todo al alcance de su teléfono.
Y si a esto le sumamos, las precampañas oficiales y los procesos internos para elegir prematuramente, a quienes van a ser electos candidatos y candidatas de sus respectivos partidos, el desgaste de los equipos políticos, de los partidos y de la gente en general, es excesivo, insostenible.
La competencia, el contraste de ideas, de proyectos y de ideologías, es hasta cierto punto sano para la vida democrática. Pero, como todo, en exceso es dañino, la polarización se acentúa y sostenida por mucho tiempo, comienza a permear y minar la cohesión social de cualquier pueblo.
Así, resulta necesario que las y los futuros legisladores, analicen la normatividad electoral, de tal forma que estos períodos electorales disminuyan, tengamos precampañas de un mes y las campañas más largas no rebasen los dos meses de duración. Se deben normar los procesos internos de los partidos políticos, que son usados para posicionar a quienes posteriormente son registrados como candidatos y candidatas. No podemos estar viviendo este tipo de desgaste, cada tres o seis años, a nadie le conviene.
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