La forma de hacer campañas está cambiando y no precisamente por una reforma electoral o por voluntad de quienes las realizan. Se están adaptando a peripecias políticas y legislativas que obligan a explorar nuevas formas de comunicarse con las y los electores.
Son dos los motivos por los que ello ha ocurrido: 1) la implementación de una etapa inventada para posicionar candidaturas fuera del periodo permitido por la ley (procesos políticos de los partidos políticos para sus corcholatas) y 2) una reforma al Poder Judicial de la Federación que le falló a las candidaturas, pero, sobre todo, a la ciudadanía.
El problema es grave y no se atiende. Nadie ha visto que las campañas están transmutando a un modelo híbrido entre tecnología y la vieja forma de hacer política.
La única regla que tenemos es el concepto de acto anticipado de precampañas (artículo 3 de la LGIPE) que nos lleva a una temporalidad entre los meses de septiembre y noviembre del año previo a la elección. Sin embargo, deja de atender que están por ocurrir los procesos políticos y para ello estarán realizando “campañas” sin llamarlas así porque está prohibido.
Al no poder hacer uso de la prerrogativa de radio y televisión y tener restricciones en medios en impresos se está avanzando hacía la vía digital, en concreto, a las redes sociales y plataformas digitales.
El segundo ejemplo fue la elección del Poder Judicial. Pese a que esta previsto el uso de la prerrogativa de radio y televisión, fue prácticamente imposible garantizar el derecho en tratamiento igual a las candidaturas. Lo anterior, sumado a un tope de gastos que obedece a la no participación de los partidos políticos y su financiamiento -público y privado- y a un tope de gastos personales, de tal suerte que tuvieron que focalizarse, principalmente, en las redes sociales.
La propaganda impresa -bardas, gallardetes o pendones, etcétera- así como la radio y televisión podrían entrar en una voraz caída en cuanto a su uso en campañas. En un futuro no muy lejano les podría pasar lo mismo que al financiamiento telegráfico que ya nadie utiliza y se tiene que devolver.
Lo de hoy es pautar propaganda en redes sociales, contratar influencers y hacer videos con celulares. El camino apenas comienza y las dudas son muchas.
¿Conviene establecer un modelo de comunicación política digital? ¿Sería abierto, cerrado o mixto? ¿Cómo regular la propaganda y, sobre todo, en fiscalización-gastos a las transnacionales como Meta, TikTok o X? ¿Padrón de cuentas oficiales?
Las campañas digitales llegaron para quedarse, la legislación y autoridades se están quedando rezagadas y sin margen de acción. Como en la ciencia ficción, la realidad está superando al guion.
X: @abgiovas