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Cisnes Verdes y Cambio Climático

Cisnes Verdes y Cambio Climático

Columnas viernes 14 de febrero de 2020 - 00:29

En las últimas semanas, además de los usuales cisnes blancos y negros que pintorescos adornan a mis amigos financieros, la prensa se comenzó a poblar de torvos y amenazantes cisnes verdes. Los cisnes no tienen nada que ver con Natalie Portman enloqueciendo en una película de Aronofsky, ni con substancias psicotrópicas; por el contrario, son cosa de bonos, acciones, mercados, bolsas de valores y la valuación de riesgos.

Como bien sabe Ernesto O’Farrill (nadie usa las metáforas de los cisnes mejor que él) el concepto viene del filósofo libanés Nassim Taleb para referirse a eventos que, en un primer momento, parecen sorpresivos y cuyo impacto tiene efectos negativos de gran calado pero que, al analizarlos en retrospectiva, se observa una explicación racional de su gestación y desarrollo que pasó desapercibida por atípica e improbable.  

De esta manera la rara avis o, mejor dicho la rara avis in terris nigroque simillima cygno (un ave rara en la tierra, y muy parecida a un Cisne Negro) se refiere a “golpes del destino” que ni computadoras ni hombres pudieron prever. En contraposición, y simplificando de más, el cisne blanco representa eventos igualmente sorpresivos pero que afectan para bien.

En este sentido, el Banco Internacional de Pagos (BIS por su sigla en inglés) sorprende, y para bien, al publicar “The Green Swan. Central banking and financial stability in the age of climate change” donde los autores, Patrick Bolton, Morgan Despres, Luiz Pereira da Silva, Frédéric Samama y Romain Svartzma, utilizan la metáfora para referirse a impactos negativos asociados al cambio climático que, en la medida en que son inéditos, dificilmente se puede tener un mecánismo preventivo de detección.

De esta manera los banqueros centrales, que estoy seguro eran los menos esperados, entran de lleno a la agenda que, junto con la democracia y la pertinencia de los valores liberales, muy probablemente sea la más importante que tenemos como generación y donde, lamentablemente, muchos gobiernos dan su cara más populista, cortoplacista y mezquina: la sustentabilidad y el medio ambiente.

Estados Unidos, que es el segundo emisor global de gases de efecto invernadero, dio un golpe fortísimo contra los esfuerzos internacionales para combatir el cambio climático al abandonar el Acuerdo de París que, para muchos de los analistas, representa la estrategia ambiental más importante de la historia, dado su alcance global y sus objetivos a largo plazo. 

En México no nos quedamos muy atrás en términos de irresponsabilid pues, si bien es cierto que el Gobierno ratificó el Acuerdo de París, la política energética de la 4T va en contrasentido de los esfuerzos internacionales al dejar a un lado la generación de energías limpias (donde México tiene un potencial extraordinario tanto en eólico como en fotovoltaico y geotérmico) y apostar, de manera prácticamente exclusiva, a los combustibles fósiles como el petróleo (donde, además de contaminante, ya vamos de salida con reservas probadas que pasaron de 30 mil millones de barriles en 2001 a 7 mil 900 el año pasado) y el carbón que, además de poco eficiente (únicamente se aprovecha el 35% para generar energía), es el combustible más contaminante tanto por el dióxido de carbono (CO2) que libera al quemarlo (principal causante del cambio climático) como por el metano (un potente gas de efecto invernadero) que se genera durante su extracción.

Por el contrario la Unión Europea, además de impulsar un ambicioso programa de “economía circular”, reforzó la normatividad para su mercado de “bonos de carbón”, que fue el primero y se mantiene como el más grande, estableciendo límites al CO2 que pueden emitir la industria pesada y las centrales eléctricas. De esta manera, la UE busca reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en al menos 40% respecto a los niveles e 1990 para 2030.

¿Dependemos entonces de los gobiernos y los políticos? Definitivamente no. Aunque a la 4T no le gusten las ONG´s, aquí es donde la sociedad civil organizada puede jugar un papel fundamental exigiendo solidaridad intergeneracional. Y lo mismo va por las empresas que tienen que ir más allá de nada más cumplir la norma; ahí está el caso del periódico británico “The Guardian” que, de manera unilateral, renunció a publicar anuncios de empresas de combustibles fósiles. 

Definitivamenmte nuestro medio ambiente no está en manos de los políticos; pero el futuro de los políticos enemigos del medio ambiente, sí está en las nuestras.

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/CR

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