Guadalupe Taddei todavía no tiene ni tres meses en la presidencia del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE). A pesar del corto tiempo que lleva como la primera mujer al frente del organismo encargado de organizar elecciones en nuestro país, ya marcó diferencia con su antecesor.
Lo que ha decidido hacer no es menor, ni sencillo, mucho menos fácil; requiere de acuerdos y consensos; en ocasiones se vuelve complicado alcanzarlos, por diversos motivos.
Contrario a Lorenzo Córdova que hasta el último minuto de su responsabilidad defendió su sueldo por las vías legales y nunca aceptó ganar menos que el presidente de la República, Taddei puso el ejemplo a sus compañeros y compañeras al bajarse su ingreso a 120 mil pesos, en números redondos, en contraste con los 180 mil que percibía el anterior presidente.
Con discreción, alejada del protagonismo, estuvo atenta al desarrollo de las elecciones en los estados de México y Coahuila. No salió a los medios como lo hubiera hecho Lorenzo para acaparar reflectores y subrayar que el mérito de la organización es del INE y su presidencia. Dejó que los institutos estatales y sus directivos hicieran su trabajo.
Ni antes ni después del proceso les restó importancia. Los dejó actuar de principio a fin. Las elecciones resultaron como lo había previsto la autoridad, en orden, en paz, sin sobresaltos. Nada que llevara a judicializar la competencia política, como ha sucedido en otros casos.
También Taddei le puso punto final a los dimes y diretes entre el INE y el gobierno, entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y los consejeros y consejeras. No más pleitos verbales que a nadie beneficiaban. Optó por la respetuosa relación, sin renunciar al cumplimiento de la ley.
Pasó la prueba el primer encuentro entre los once consejeros y el presidente en Palacio Nacional.
Lo que ahora se quiere ver como simulación, el procedimiento que utiliza el partido en el poder para elegir a quien encabezará los esfuerzos de los morenistas hacia 2024, es lo mismo que hizo para seleccionar a sus aspirantes en los estados donde gobierna y nadie acusó a la autoridad electoral de solapamiento. Igual sucedió en su tiempo con Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Guadalupe Taddei tiene su propio estilo, más de 30 años de servir al INE; a estas alturas no renunciaría a su misión de que se respete la ley.
Defenderá el presupuesto para su instituto, el necesario, no el que signifique derroche. Mejor administración (austeridad) donde sea posible y aumentos donde se requieran.
Viene el reto mayor: las elecciones del 2024. No solo la presidencia estará en juego. También 128 senadurías, 500 diputaciones federales, 9 gubernaturas, 31 congresos locales, mil 580 ayuntamientos, 16 alcaldías y 24 juntas municipales.
Por eso la importancia de que las 11 consejeras y consejeros no pierdan de vista que van en el mismo barco.
En la nueva realidad no cabe buscar ventajas u obtener cuotas en la integración directiva del instituto.
Si el pasado reciente se convirtió para algunos en una forma de lograr mayor presencia en el organismo, ahora lo esencial es el trabajo de equipo, sin zancadillas ni patadas bajo la mesa.
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