En febrero de este año, la Comisión para el Combate Contra el Tráfico de Opioides Sintéticos de Estados Unidos, emitió un Reporte en el que identifica las amenazas y tendencias actuales en el consumo de drogas, muertes por sobredosis y la crisis por abuso el fentanilo. Aporta varios datos a la discusión pública que son de relevancia.
Desde 1999, más de un millón de ciudadanos estadounidenses han muerto por sobredosis de drogas. Por primera vez en una ventana temporal de doce meses (de junio 2020 a mayo 2021), fallecieron más de 100 mil personas por consumo de estupefacientes. En este periodo, uno de los factores que contribuyó de manera importante fue el COVID-19, pues enfatizó condiciones relacionadas con depresión, ansiedad, trauma e ideación suicida. Esto en alguna medida aumentó el consumo de fentanilo, ya que se vende en el mercado negro como tranquilizantes, sedantes o como medicamento contra el dolor.
En ese sentido, la DEA señala que en el año fiscal 2019 se confiscaron cerca de 2.6 millones de pastillas con fentanilo, mientras que en 2021 esta cifra se ubicó en 20 millones. Es decir, un incremento de más de siete veces en un periodo tres años. De las muestras analizadas, prácticamente el 71% contaba con técnicas de producción utilizadas en México.
Además, de acuerdo con las encuestas de salud, 3 millones de estadounidenses sufren de desórdenes en el consumo de opioides y millones están en recuperación, aunque estas cifras podrían subestimar de manera importante la realidad. Esto implica que el problema está lejos de solucionarse y cuenta con un mercado boyante.
Una de las características del fentanilo es que es sumamente potente, por lo que es menor la cantidad de sustancia necesaria para inundar el mercado. Mientras que se requieren 145 toneladas métricas de cocaína y 47 de heroína para satisfacer la demanda del mercado estadounidense, para el caso de fentanilo se requieren únicamente de 3 a 5 toneladas métricas. Una diferencia abismal, lo que implica menores complejidades en el tráfico para los grupos criminales, aunque no menores ganancias.
Por otro lado, en el documento se reconoce que México es la principal fuente de fentanilo ilícito que ingresa a los Estados Unidos y que la estrategia de “abrazos, no balazos” está lejos de contrarrestar las redes criminales transnacionales encargadas de la producción y tráfico de la sustancia. Añade que México gasta 1% de su PIB en seguridad, mucho menos que el 3% que promedian los países de la OCDE, por lo que debe redoblar esfuerzos en la materia.
El Reporte hace referencia a las estimaciones que realizó el Departamento de Justicia sobre la venta de drogas que, en 2008, valuó entre 18 y 39 mil millones de dólares en beneficios para los grupos criminales mexicanos. En tanto, en 2010, el Departamento de Homeland Security estimó que el dinero en efectivo que se envió hacia México fue de entre 19 y 29 mil millones de dólares.
Finalmente, el documento señala que la crisis por opioides sintéticos es un reto sin precedentes y que las instituciones estadounidenses no han hecho lo suficiente para responder, por lo cual se requiere una reingeniería institucional para su atención. Se calcula que el costo anual al erario público estadounidense por la crisis de opioides sintéticos y fentanilo es de un millón de millones de dólares.
* Candidato a Doctor en Ciencia Política por la UNAM y fundador de la Consultoría SIE. Twitter: @jgt_00