Antes de comenzar una brevísima reflexión: en estos momentos cuatro astronautas enviados por la NASA, miembros de la misión Artemis II, vienen de regreso a la tierra después de orbitar la luna por su cara oculta, el punto más lejano al que nadie haya llegado jamás. Estados Unidos podría darnos muchas cosas buenas para dignificar y enaltecer el espíritu humano. Sin embargo, no le es posible, es absolutamente incapaz de ello dado su ADN imperial y supremacista, una lástima.
Por tercera ocasión consecutiva Italia ha sido eliminada del mundial (desde el cada vez más lejano 2014); no se le verá en la máxima justa del futbol, lo cual es aún más grave si tenemos en cuenta que la cantidad de países participantes es la más alta de la historia (48 selecciones). Fue casi una tragedia nacional, de inmediato vinieron las renuncias: Gabriele Gravina, presidente de la Federación y Genaro Gattuso, DT, desde luego salieron por la puerta de atrás y jugadores como Alesandro Bastoni fueron duramente criticados y recriminados.
Culpar a los individuos es la salida más fácil, pero no llega al fondo del asunto, el problema es estructural y tiene mucho que ver con la propia liga italiana, la Serie A, que es la base de la selección. Ha atravesado por un proceso de degradación que la llevó de ser el mejor torneo del mundo en los años ochenta y noventa, cuando era la Meca del futbol de clubes, donde actuaban monstruos de la talla de Maradona, Van Basten, Platini y Gullit (el auténtico), a una liga irrelevante claramente superada por otras como la Liga de España, la Premier Leage de Inglaterra y la Bundesliga de Alemania. De hecho, el último equipo italiano en ganar la Champions fue el Inter de Milan de Mouriño, en 2010. La corrupción que amañaba resultados de partidos y campeonatos, fue un escándalo mayúsculo que le restó relevancia y respeto. En la actualidad no hay mucho talento reunido y son demasiados los jugadores extranjeros de medio pelo.
La decadencia no es nueva y se ha tratado de corregir; en 2016 Roberto Baggio fue nombrado jefe del Sector Técnico con la encomienda de hacer un análisis de la situación. El resultado: un informe pormenorizado de 900 páginas, en el cual, entre muchas cosas recomendaba efectuar reformas profundas al sistema de canteras, implementando una red de visorías que llegara hasta el pueblo más pequeño; llevar a cabo una mejora de la infraestructura en todos los niveles y categorías y; no centrarse tanto en el aspecto táctico en la formación de los jugadores para darle más libertad a la creatividad. Pero hay muchas prácticas y vicios de origen que impiden llevar a cabo dichas medidas. Baggio insistió inútilmente en su aplicación, hasta que terminó por renunciar un año después (cualquier parecido con el medio mexicano ¿será coincidencia?).
Hubo un tiempo en el que enfrentar a Italia significaba casi una sentencia; la azzurri siempre era tomada en cuenta como favorita. La táctica italiana conocida como catenaccio, era un sistema estructurado y disciplinado que hacía un fuerte énfasis en la defensa y el contragolpe contundente. No era vistoso, pero sí tremendamente efectivo y exitoso: le dio a Italia dos de los cuatro mundiales que ostenta. Italia ya no es capaz de producir jugadores de la talla del mencionado Baggio, del Piero, Totti o históricos como Rossi, Conti, Altobelli y un larguísimo etcétera. Hay un abismo. Tal vez sería bueno –es mi opinión de simple aficionado– que Italia regresara a su esencia futbolística y retomara o por lo menos readaptara el catenaccio y se olvidara de jugar como los equipos de Pep Guardiola, no es lo suyo. Hasta el jueves…