Retomo el tema en la encuesta de McClintock a legisladores y legisladoras principalmente de Chile, Perú y México.
En nuestro país, a pesar de no contar con este sistema electoral aún, se constató un gran apoyo congresional. De las y los legisladores mexicanos entrevistados, 44% prefirieron la SVP y 41% el sistema de mayoría relativa.
Los resultados referidos en la colaboración anterior parecen muy similares a los que arrojó una encuesta de 2007 del periódico Reforma a Diputadas y Diputados Federales, en la que 53% prefirió la segunda vuelta y 47% mayoría relativa.
Por otro lado, mientras que las críticas a la SVP fueron menores en los países que la practican, en los países que usan la mayoría relativa las quejas en su contra fueron muy comunes.
En nuestro país, revela la autora, dos expresidentes (Fox y Calderón) criticaron la mayoría relativa y el hoy Presidente hizo lo propio en Washington, DC, en octubre de 2011 en un desayuno privado en el Centro Woodrow Wilson.
Todo esto viene a cuento porque creo que a pesar del triunfo arrollador de AMLO en las urnas en 2018 se trata de una convergencia atípica de circunstancias difícilmente repetibles. No le quito méritos al Presidente; encabezó la indignación contra el régimen y su propia personalidad y propuestas de campaña fueron decisivas.
Con todo y la re-oxigenación del sistema político entero que significa el arribo mayoritario de Morena a los principales espacios de poder, el sistema electoral debe estar preparado para escenarios de resultados presidenciales apretados de nuevo porque parecería que esos equilibrios son los que ordinariamente presencia el país. Recuerde el año 2000, cuando el candidato ganador (Fox) quedó a 6% de su más cercano competidor (Labastida) y no olvide que en el 2012 el triunfador (Peña) obtuvo 6% más votos que el segundo lugar (AMLO).
Ahora bien, a diferencia del entusiasmo de los políticos por la segunda vuelta, los estudiosos del tema se mostraron escépticos. Su principal argumento: si bien la mayoría relativa inhibe la proliferación de partidos políticos (en México no ha sido así), al mismo tiempo reduce los riesgos de candidatos anti-sistémicos y de parálisis institucional por enfrentamientos entre el ejecutivo y el legislativo (que de todos modos sucedía en México al menos desde 1997).
No obstante, McClintock alega que para las democracias latinoamericanas la segunda vuelta es superior a la mayoría relativa.
Afirma que, entre otras cosas, abre la arena política a nuevas expresiones, baja el umbral de acceso a una competencia real en elecciones presidenciales y al mismo tiempo asegura dos cosas de vital importancia para el sistema político entero: apoyo mayoritario al triunfador (y por lo tanto, legitimidad política y social), mientras que éste deberá haber adoptado posiciones ideológicas y programáticas más centristas (o menos radicales) para ganar y gobernar.
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