La Semana Santa en México tiene su origen en el periodo de la Conquista de México, cuando los misioneros españoles introdujeron las celebraciones católicas como parte del proceso de evangelización de los pueblos indígenas.
Durante el siglo XVI, órdenes religiosas como los franciscanos, dominicos y agustinos impulsaron representaciones religiosas, procesiones y escenificaciones de la pasión de Jesucristo con el objetivo de enseñar la doctrina cristiana. Estas prácticas fueron adoptadas por las comunidades indígenas, quienes incorporaron elementos de sus propias tradiciones, dando lugar a una fusión cultural única.
Con el paso del tiempo, la celebración evolucionó y se consolidó como una de las manifestaciones religiosas más importantes del país. En distintas regiones surgieron expresiones particulares, como las procesiones solemnes, los viacrucis vivientes y rituales que combinan simbolismo católico con costumbres locales.
En la actualidad, la Semana Santa en México no solo conserva su significado religioso, sino que también representa un importante legado cultural e histórico, reflejo del sincretismo entre las creencias prehispánicas y la tradición católica que se mantiene vigente en numerosas comunidades.