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De la mesa familiar al brunch: los nuevos momentos para celebrar

De la mesa familiar al brunch: los nuevos momentos para celebrar

Tendencias viernes 21 de agosto de 2026 -

Jaime Arturo Ruiz | @jaimeruizmx
jaime@primermovimiento.com

- El consumo durante las celebraciones evoluciona de la mano de nuevas generaciones que buscan bebidas accesibles, experiencias más espontáneas y formatos que se adapten a la vida cotidiana.

- En este escenario, el Lambrusco gana terreno como una alternativa para ampliar las ocasiones de consumo.

Durante décadas, abrir una botella de vino en México parecía requerir una razón específica: un aniversario, una cena formal, una celebración familiar o una fecha marcada en el calendario. Esa relación entre vino y ocasión especial comienza a transformarse. Hoy, la botella puede aparecer en un brunch de fin de semana, una comida entre amigos, una tarde de cocina en casa o una sobremesa que simplemente se prolongó.

El cambio no significa que la tradición haya desaparecido, sino que el vino está incorporándose a más momentos de la vida cotidiana. De acuerdo con la ENCODAT 2025, el vino de mesa pasó de representar 16.8% del consumo entre consumidores actuales de alcohol en 2016 a 18.4% en 2025, mientras que los patrones generales de consumo muestran una reducción en la frecuencia de consumo de alcohol.

En otras palabras, el reto para la categoría no consiste únicamente en vender más botellas, sino en encontrar nuevas razones para abrirlas.
Un consumidor que busca menos protocolos y más experiencias
La transformación generacional está modificando la relación de los mexicanos con el vino.

Las generaciones más jóvenes se acercan a la categoría desde una perspectiva menos ritualizada: buscan descubrir, compartir y experimentar, pero también valoran la accesibilidad y la posibilidad de incorporar una bebida a distintos momentos sin convertirlos necesariamente en una celebración formal.

Este fenómeno convive con una característica particular del mercado mexicano: aunque el vino mantiene un consumo per cápita relativamente bajo frente a otros mercados, existe un amplio espacio para incorporar nuevos consumidores. Un análisis reciente del sector identifica precisamente esa oportunidad: México cuenta con una base todavía reducida de consumidores habituales y con millones de personas que permanecen fuera de la categoría.



La investigación académica también apunta hacia un consumidor que presta atención a factores como el origen, la accesibilidad y las características sensoriales del producto. Un estudio publicado en 2025 encontró que 56% de los participantes tenía entre 18 y 39 años y que, entre las variedades evaluadas, el vino tinto obtuvo la mayor aceptación, seguido por el espumoso y el rosado.

La consecuencia para las marcas es clara: hablar de vino ya no implica necesariamente hablar de solemnidad. La categoría puede construirse alrededor de la convivencia, la gastronomía, la espontaneidad y la búsqueda de experiencias.

Del brindis formal a la mesa cotidiana

La evolución puede observarse en las distintas generaciones.
Para los Baby Boomers y buena parte de la Generación X, el vino conserva un fuerte vínculo con las tradiciones familiares, las celebraciones y las comidas alrededor de una mesa. Es una bebida asociada con momentos que tienen un significado especial y con rituales transmitidos entre generaciones.

Los Millennials, en cambio, ampliaron el territorio del vino. La botella comenzó a formar parte de cenas informales, reuniones después del trabajo, escapadas de fin de semana, experiencias gastronómicas y encuentros en casa. El vino dejó de ser exclusivamente protagonista de la ocasión para convertirse también en acompañante de la experiencia.

La Generación Z lleva esa transformación un paso más adelante. Su relación con el alcohol se caracteriza por un consumo más ocasional y por una mayor apertura hacia categorías, sabores y formatos distintos. Para esta audiencia, la autenticidad y la facilidad para disfrutar una bebida pueden resultar tan importantes como su procedencia o tradición.

Esto no significa que una generación haya sustituido a otra. Más bien, las distintas formas de consumir están conviviendo. Una misma mesa puede reunir a tres generaciones y, con ellas, tres maneras diferentes de entender el vino.

La oportunidad de las bebidas más ligeras

En este contexto, los atributos sensoriales y el grado alcohólico adquieren relevancia. Las opciones frescas, afrutadas, espumosas o de menor graduación pueden convertirse en una puerta de entrada para consumidores que todavía no tienen una relación consolidada con el vino.

Ahí aparece el Lambrusco, un estilo italiano que combina características que pueden facilitar su incorporación a ocasiones más relajadas. Riunite
La propuesta de Riunite se apoya precisamente en esa accesibilidad. Su Lambrusco Emilia IGT es un vino semiespumoso elaborado en Italia, con 8% de alcohol, un perfil suave y una expresión naturalmente ligada a sabores frutales.

Más que competir con el ritual tradicional del vino, la marca busca ampliar sus posibilidades: que una botella pueda acompañar una comida informal, una reunión espontánea o una tarde entre amigos sin que el consumidor sienta que necesita conocer previamente todas las reglas de la categoría.
La estrategia responde a una tendencia más amplia: convertir al vino en una bebida menos intimidante y más fácil de integrar en la rutina.

Una botella, distintas generaciones

Riunite busca representar esta diversidad a través de tres personalidades que conectan con públicos y estilos de vida diferentes.

Isabel Lascurain representa el vínculo con las tradiciones, las reuniones familiares y esos momentos en los que compartir una mesa tiene un significado especial.

Wattsopa refleja una aproximación más espontánea, cercana a la manera en que los Millennials han incorporado el vino a momentos cotidianos.

Andy Badillo, por su parte, conecta con consumidores que buscan experiencias auténticas y una forma de disfrutar más ligera y natural.

La idea detrás de esta combinación es sencilla: no existe una única manera correcta de disfrutar el vino. La botella que acompaña una comida familiar puede ser la misma que aparece días después en una reunión improvisada. La ocasión cambia; la posibilidad de compartir permanece.


> “Hoy vemos que el vino está dejando atrás muchos de los protocolos que durante años marcaron su consumo. Una misma botella puede reunir a abuelos, hijos y nietos alrededor de una mesa, pero también acompañar una cena entre amigos, un brunch de fin de semana o una reunión espontánea. Esa flexibilidad está acercando la categoría a nuevas generaciones que buscan experiencias auténticas, sencillas y fáciles de disfrutar. Al final, cada generación brinda de forma distinta, pero todas siguen encontrando en el vino una forma de compartir”, comentó Jonathan Campos, Director de Marketing de IDI, empresa responsable de la comercialización de Riunite en México.


El nuevo territorio del vino

El cambio más importante quizá no está en qué vino se consume, sino en cuándo y por qué se abre una botella.
La categoría mexicana enfrenta simultáneamente una oportunidad de crecimiento y un consumidor que bebe de manera más selectiva. En ese escenario, las marcas necesitan reducir las barreras de entrada sin renunciar a la identidad y al origen que hacen relevante al vino.

Para Riunite, el Lambrusco representa una vía para hacerlo: una etiqueta con tradición italiana, pero con características que permiten trasladar el producto de la celebración formal a momentos más cotidianos. La propia marca también propone distintas formas de consumo, desde beberlo directamente hasta incorporarlo en preparaciones como sangrías y cócteles.

Así, el vino comienza a ocupar un territorio más amplio. Puede estar en una cena de aniversario, pero también en una pizza compartida; en una celebración familiar, pero igualmente en un brunch; en una ocasión cuidadosamente planeada o en una reunión que surgió de manera espontánea.

La tendencia apunta hacia un vino menos condicionado por el protocolo y más conectado con la experiencia.
Porque quizá el futuro de la categoría no consiste en esperar a que llegue una ocasión especial para brindar, sino en reconocer que compartir también puede ser la ocasión.

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JC/CR

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