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Discursos de odio

Discursos de odio

Columnas martes 27 de octubre de 2020 - 00:57


Diego A. Guerrero García

Actualmente, nos encontramos en un inquietante contexto de discriminación, intolerancia y odio por razones de género, étnicas, religiosas, de nacionalidad, o por cualquier otro elemento de identidad. Estas acciones, nos llevan a la marginación y criminalización de los seres humanos, reflejando la intolerancia de quien o quienes las llevan a cabo, pero también, de quienes muestran su indiferencia frente a los mismos.

Estos discursos no parecen representar un fenómeno aislado, al contrario, su propagación a través del uso de los nuevos medios de comunicación y difusión mediante los que se ha producido contenido que estimula la estigmatización y deshumanización; se ha exacerbado, incluso, a veces de formas tan sutiles, que han permitido naturalizar, legitimar y reproducir estas conductas.

Si bien no existe aún una definición jurídica acerca de qué es el discurso de odio, de manera general, las Naciones Unidas le consideran como cualquier forma de comunicación que utilice lenguaje despectivo y discriminatorio con relación a una persona o a un grupo social con la capacidad de degradar y dividir el tejido social. Sus repercusiones son múltiples y diversas, pues afectan distintas esferas de actuación, por ejemplo, la protección de los derechos humanos y la prevención de la violencia física, emocional y/o psicológica.

Por ello, el discurso de odio representa una seria amenaza a la democracia y a los valores que de ésta se desprenden, como: la solidaridad, la responsabilidad, el pluralismo, la libertad, la justicia social, la tolerancia y la igualdad. Sin embargo, para poder actuar eficazmente; primero, se requieren datos e investigaciones sobre las causas profundas sociales e históricas, así como de los factores y las condiciones que le propician. Así, el combate no se reduce a un acto que limite la libertad de expresión o prohibir su ejercicio, sino que, mediante una respuesta estratégica y coordinada, se deben ejecutar mecanismos que prohíban la incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia en sus diferentes expresiones a los distintos niveles en los que se gesta y reproduce.

De esta manera, es fundamental erradicarle en el plano nacional e internacional para transitar hacia el progreso del desarrollo humano a fin de construir sociedades pacíficas, inclusivas y justas en el marco de los derechos humanos. Asimismo, en la actual era digital, es impostergable fomentar una nueva generación de una ciudadanía digital informada y empoderada para reconocer y rechazar estos contenidos. Adicionalmente, un compromiso fundamental que se deberá tener en consideración es la vigilancia y el análisis del discurso del odio, el aliento y apoyo a las víctimas de éste, así como la constante colaboración que deberá existir con los medios de comunicación, tradicionales o contemporáneos, para establecer y fortalecer alianzas con el objetivo de promover los valores democráticos de un verdadero estado de derecho que nos permita reconocer nuestras diferencias y nos lleve a un cambio cultural por medio de la educación y la sensibilización.


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/CR

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