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División social y exclusión

División social y exclusión

Columnas lunes 27 de julio de 2020 -

Por Armando Hernández Cruz

Una de las principales causas del odio y el resentimiento entre diferentes sectores, grupos y clases sociales, es el miedo o temor: El temor a lo desconocido, a lo “raro”, o lo extraño; a aquello que se encuentra fuera de la regularidad o de la normalidad, que nuestro limitado entorno cotidiano nos permite apenas conocer.
Ese temor nos lleva a generar incertidumbre, y con ella, el rechazo a la otredad o alteridad, es decir, a la calidad de lo “otro” y con ello a la dignidad de las demás personas. La falta de reconocimiento a la dignidad de las personas que, al ser distintas a lo que nuestra “normalidad” nos tiene acostumbrados, nos lleva al rechazo de lo diferente y con ello a la división social, la exclusión, la discriminación; generadores de graves problemas sociales actuales como la violencia y la inseguridad.
Una sociedad dominada por el temor, es una sociedad violenta y excluyente. Una sociedad donde prevalece el amor, sería una sociedad tolerante y respetuosa de la individualidad de sus integrantes. Pero esta última es, al menos por el momento, solo una sociedad ideal.
Quien discrimina, rechaza, oprime o excluye, lo hace por desconfianza, basada en el temor a lo desconocido. Quien es discriminado, rechazado, oprimido o excluido, puede generar resentimientos que lo conduzcan al temor y a la desconfianza. Esto se vuelve un interminable círculo vicioso de odio y rechazo recíproco.
Solo una conducta afectuosa, amigable, basada en el amor y la confianza, puede volver a acercar a los sectores sociales, separados en clases sociales, géneros, razas y otras categorías divisorias, que sólo generan y ahondan distancias.
Quien ha sido oprimido, rechazado y excluido de la comunidad a lo largo de su vida, ya sea por condición étnica, económica, de género o discapacidad, conoce la sensación de ver solo desde lejos el “mundo” predominante. Un mundo al que no pertenece, al que muchas veces quiere pertenecer, pero no se le permite o se le impide el acceso.
Es en esta absurda división social en la que se encuentra la raíz de los grandes problemas, que aquejan a las sociedades modernas en los estados contemporáneos de todo el mundo.
Esta disyuntiva se asienta en la aparente dualidad de las cosas, enfáticamente resaltada por la filosofía y cultura occidental de raíces helénicas, frente a una realidad más trascendente y profunda, menos percibida por la simple apariencia de los sentidos: la unicidad. La sensación de unión y pertenencia conjunta a un “todo”, elemento común en la cosmovisión de la olvidada filosofía oriental clásica con raíces en el budismo, hinduismo y taoísmo, entre otros sistemas de pensamiento.
Flor de Loto: Las divisiones sociales son innecesarias. A fin de cuentas, todas las personas pertenecemos a una misma familia: la humanidad.



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