El BALÓN es al Fútbol Soccer lo que la INVERSIÓN es al CRECIMIENTO ECONÓMICO.
No hay juego si no hay balón y no habrá crecimiento en nuestro país si no hay inversión. La inversión puede ser realizada por la iniciativa privada tanto nacional como extranjera y por el Gobierno Federal, los estatales o los 2 mil 478 municipios que hay en el país. Lo regular es que el Sector Público inicie procesos de inversión y marque pautas de estímulos para que esa inversión sea complementada por la iniciativa privada.
Hay épocas de abundancia en inversiones como cuando México articuló su “Milagro Mexicano” gracias al DESARROLLO ESTABILIZADOR. Entre finales de los años cuarenta y finales de los años sesenta nuestro país experimentó un boom en inversiones que dio como resultado una tasa de crecimiento del PIB promedio espectacular y de referencia en el mundo.
“Durante el DESARROLLO ESTABILIZADOR (1952-1970) la inversión total mantuvo un crecimiento promedio SOSTENIDO de 8.5% anual. Al cierre de ese período la inversión total superaba el 21% del PIB impulsada por una fuerte inversión pública en infraestructura seguida de un alto crecimiento industrial por la llegada de inversiones privadas nacionales.
La inversión en México no ha sido un activo relevante en años recientes. Se ha distinguido por su pequeñez y no por su fortaleza. En 2025 cerró el año con una contracción de -6.7% y en enero del 2026 presentó no solo una caída de 2.2% sino hiló 17 meses de retrocesos en comparativas mensuales. La pública se contrajo casi 45 por ciento en el primer bimestre de este año respecto al anterior, mismo período.
El gobierno no tiene dinero para invertir porque recompone con gran sacrificio las cuentas nacionales tratando de tapar el daño realizado por un déficit público en 2024, lo que ha significado sacrificios y mucha austeridad durante 2025, 2026 y posiblemente también durante 2027, período que será recordado como el austericidio que implicó recortes y condenas a tasa de crecimiento menores a la mediocridad y que aún no alcanza el uno por ciento como promedio anual de crecimiento entre 2019 y 2025.
Lamentablemente el contexto no permite que las cosas cambien radicalmente en el corto plazo. Hay factores que en lo internacional inyectan incertidumbre que hacen detener, pausar, planes de inversión. Claramente la figura y acciones, decisiones y declaraciones de Donald Trump han influido no solo en México sino también en otras regiones del mundo.
Pero no todo podemos atribuírselo a Trump POR MÁS que eso quisiéramos. Es cierto que el mandatario ha impuesto mucha incertidumbre en el proceso mundial y en el trámite de “revisión” del TEMEC, pero ese no es al causante mayoritario de la anemia de inversiones.
El grueso de las decisiones de no invertir en México, creo , lo hemos conseguido los mexicanos y sobre todo a partir de algunos cambios estructurales importantes que conforman una parte relevante de la confianza en el país que un empresario o entidad empresarial requiere para poner el dinero sobre la mesa de algún proyecto de negocios. La falta de equilibrio en los factores de poder en el escenario público es uno de los elementos más destacados en las calamidades de las que ahora nos quejamos.
Una justicia de dudosa neutralidad es otro de los factores más importantes; la inseguridad en la vida pública y el costo económico que impone el dominio de la “malandrería” en la vida pública es otro de los factores.
Si no logramos motivar la inversión y si el gobierno no coloca modelos de participación en las grandes obras o retos no vamos a salir adelante ni en el 2026 o en el 2027 y ahì ya estaríamos bordando una DÉCADA PERDIDA que no podemos tener el lujo de consentir.