Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
Si Vicente Fox cerró su cuenta en ”X” para autovictimizarse, o se la cerró el dueño de lo que antes era Twiter, Elon Musk, no debería ser el centro de la discusión. Sin duda, el expresidente panista cometió un acto de violencia de género en contra de la esposa del candidato presidencial de Movimiento Ciudadano, Samuel García, Mariana Rodríguez, con lo que ayuda al oficialismo y prácticamente lo saca del escenario político del 2024.
Quizás lo que no alcance a comprender el expresidente es que su momento ya pasó. En las elecciones presidenciales del 2000, él fue el fenómeno al que muchos electores se aferraron para “sacar al PRI de Los Pinos”. Luego vino un sexenio en el que el sello fue la frivolidad, los desatinos y las promesas incumplidas como aquella de que el Presidente propone y el Congreso dispone; las desavenencias entre el guanajuatense y el Congreso, en el que no tenía mayoría, fueron constantes e irreconciliables.
Hacia el final de su gestión, quien fuera su vocera y después su esposa, Marta María Sahagún tuvo aspiraciones presidenciales, en un intento por emular a Eva Perón, pero eso no prosperó, pese a contar con el apoyo de uno o dos empresarios fuertes.
Políticamente hablando, Vicente Fox tampoco supo qué hacer y se convirtió en una especie de veleta, actitud que justificó en una entrevista argumentando que su lealtad es con la democracia “con el pueblo de México”.
Para las elecciones del 2006, no apoyó a la candidata presidencial del partido que lo había llevado en el 2000 a la presidencia de la República, la actual senadora Josefina Vázquez Mota y en cambio sí apoyó al entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto.
Todo indica que el expresidente, aún en la actualidad, busca tener acomodo en algún lado y lo único que consiguió, fue ganarse la animadversión colectiva.
Ahora, al quererse meter en la elección más importante de la historia, la del 2024, las propias circunstancias lo han puesto en su lugar. Está visto que Fox Quezada ya no tiene que hacer nada en política y dista mucho de tener la fuerza que tuvo con “el fenómeno Fox”; su influencia ha quedado totalmente desactivada, gracias en buena parte, a los dislates que ha tenido.
Ahora, hasta la coordinadora de la Coalición Fuerza y Corazón por México, Xóchitl Gálvez, se deslinda de quien fuera su jefe y con quien en su momento, en Los Pinos, tuvo algunas diferencias en cuanto al trabajo que realizaba la ahora candidata cuando encabezaba la Oficina para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.
No se sabe bien a bien cuál es el lugar que querría ocupar el expresidente luego de los comicios del 2024; lo que es un hecho, es que añora retomar la fuerza que tuvo en el pasado, pero por una coyuntura, no por su liderazgo.