Para muchos expertos y aficionados como yo, Ayrton Senna da Silva es el mejor piloto de Fórmula 1 de todos los tiempos, nadie como él ha sido capaz de manejar con tal maestría en todo tipo de condiciones: Senna combinaba un talento nato, hambre de triunfo sin igual y pensamiento cerebral cuando así lo requerían las circunstancias; bajo la lluvia era demoledor y lograba superar a todos con facilidad, aunque éstos condujeran autos superiores (sólo Pedro Rodríguez, el primer “rain master” de la historia era comparable). Una de las cosas que hacía todo el tiempo era destruir a la oposición; desmoralizaba a los pilotos hasta llevarlos a tener un sentimiento de inferioridad, empezando con sus propios compañeros de equipo. Tenía compulsión de ser el más veloz todo el tiempo: en pruebas, prácticas o calificación. “Una vez que su nombre estaba al tope de la lista, todo el mundo sabía que la competencia empezaba después de Senna”.
En cierta ocasión, durante la temporada de 1990, al final de la cual resultó campeón, su equipo McLaren tenía que probar durante el periodo entre carreras un nuevo piso para el monoplaza. Sin embargo, al brasileño no le gustaba acudir a estos tests y siempre buscaba la manera de que fuera el piloto de pruebas quien hiciera el trabajo, así que el asunto quedó en manos del probador Jonathan Palmer, quien trabajó arduamente dos días. Cuando Ayrton llegó, antes del Gran Premio de Budapest, le pidieron que diera un par de vueltas para ver si le gustaba la puesta a punto. Eso hizo, ¡en sólo dos vueltas bajó el tiempo de Palmer en dos segundos! El piloto británico quedó en shock y prefirió regresar esa misma noche a su casa.
Previo a la temporada de 1991 Senna se fue de vacaciones a su casa de playa en Brasil, lejos del cruel invierno europeo. Gerhard Berger, su coequipero, era un joven y ambicioso piloto que había llamado mucho la atención desde que ganó (1986) con un modesto Benetton, el primer Gran Premio de México en su segunda época. El austríaco se sentía más que capaz de retar a Senna y le dijo a Ron Dennis, director de McLaren: “Olvídense de él, déjenlo broncearse, yo haré todas las pruebas este invierno”. Mientras Ayrton disfrutaba de la vida al lado de la estrella de TV, Xuxa, Berger trabajaba duro, tanto física como mentalmente. Logró sacarle un excelente rendimiento al auto y se sentía seguro y confiado.
La primera carrera fue en Phoenix, Estados Unidos, Berger estaba mucho más que listo y ansioso de ganarle a Ayrton, recién llegado de Brasil y que apenas había hecho unas pruebas rápidas en Silverstone, después de las que se quejó del McLaren, en especial del motor Honda. Sin embargo, el día de la calificación puso el MP4/6 un segundo más rápido que el Ferrari de Alain Prost y dos segundos por delante de Berger, quien quedó destruido. Todo su esfuerzo había sido en vano; lleno de amargura y frustración dijo: “¿Qué demonios tiene que hacer un hombre para ganarle?”.
Le tomó semanas recuperar el control y darse cuenta que ganarle a Senna era imposible, así que lo mejor que pudo hacer en adelante fue tratar de acercarse lo más posible a su desempeño. Al cabo de un tiempo asimiló por completo la situación y surgió entre Berger y Senna una amistad genuina, porque no había una competencia real entre ellos. Ayrton se relajó un poco y su trato dentro del equipo fue más amable y complaciente con los demás. En palabras de Gerhard: “Él me enseñó a conducir y yo le enseñé a reír”. Hasta el jueves…