Lo malo de este Mundial 2026 es que ahora México no está preparado para enfrentar un torneo internacional de esta magnitud – como sí lo estuvo en 1970 y 1986 --; y no me refiero a temas deportivos, sino a cuestiones de conectividad, instalaciones y vías para la movilidad de millones de personas – visitantes y locales --. Lo bueno es que en territorio nacional – Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey -- solamente van a ser 13 de los 104 partidos porque entonces sí sería un caos absoluto.
Desde hace ocho años, el gobierno mexicano se enteró que nuestro país iba a ser la sede parcial del Mundial número 23 de la historia y parece que se enteraron iniciado el año. Nunca antes hubo planeación de lo que podría ocurrir y todo lo están haciendo de última hora – lo que pueden hacer --; las obras en la Ciudad de México sabemos que son permanentes y que nunca terminan, pero la desorganización se nota, por ejemplo, en lugares como el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México donde hicieron una maquillada al “aventón” y se corre el riesgo de incidentes dentro y en los alrededores como hace unos días cuando cayó una techumbre y lesionó a una persona.
El Metro de la capital, con sus 12 líneas, recibirá a miles de turistas con fallas constantes, retrasos de trenes, escaleras inservibles, descompuestas o en arreglo permanente, horas pico saturadas, goteras o inundaciones en muchas estaciones de las cuales otra tantas están cerradas por remodelación y no van a terminar antes del inicio del evento.
Sigue habiendo obras por aquí y por allá, tanto en la Ciudad de México como en Guadalajara y Monterrey. En la gran capital, la jefa de gobierno llenó la ciudad con imágenes de ajolotes, una especie en extinción, pero de colores tan horribles que después tuvieron que repintar porque no correspondían a la reglamentación internacional. Total, Morena tiene dinero para eso y más. Agreguen al caos las manifestaciones tan cotidianas en México, tanto que en la víspera de la apertura del Mundial, el Zócalo está cercado con grandes planchas de acero con accesos exclusivos.
En materia deportiva, hay una gran ilusión por la selección mexicana de futbol. Ojalá que los 26 jugadores y su entrenador Javier Aguirre respondan a las expectativas de millones de aficionados. La discusión nacional de estos días es la alineación para los partidos y los resultados contra Sudáfrica, Corea y Chequia, sus rivales de grupo. También el debate es si México va a calificar a la siguiente ronda y con qué equipos se podría enfrentar después. Los más optimistas ponen a la escuadra nacional en semifinales; por supuesto, la aspiración es que lleguen muy lejos en el torneo porque estamos en casa, en nuestro ambiente y con nuestra gente.
La realidad es que la selección de futbol de México ya no tiene figuras nacionales e internacionales como antes: Hugo Sánchez, Javier “Chicharito” Hernández, Jorge Campos, Cuauhtémoc Blanco, Ramón Ramírez, Javier “Abuelo” Cruz, Rafael Márquez. El único que queda de antes y quien va a cumplir su sexto mundial en 2026 es Guillermo Ochoa, pero ya en plena decadencia.
Pese a todas las fallas de organización en las tres sedes nacionales mundialistas, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, el entusiasmo no ha flaqueado en miles de mexicanos que ya traen sus playeras del seleccionado tricolor en sus trabajos, en sus oficinas, en parques, plazas comerciales y hasta en misas dominicales. Muchos que pueden van a pagar los elevados precios por un boleto para el estadio. Dicen que hay gente que empeñó lo que pudo para tener su entrada. Total, ya se pagará, aunque sea a meses con y sin intereses. No importa.
En estos días todos en modo Mundial.