Estados Unidos trató de impulsar una guerra civil en Venezuela y surgió en su territorio, es un conflicto social que aumenta y no hay fuerza que pueda contenerla hasta que no se vaya Trump de la Casa Blanca.
El presidente del vecino país planeó un derrocamiento del régimen iraní, y lo que encontró fue recrudecer el descontento en el interior de su territorio, que amenaza en convertirse en guerra civil.
Los iraníes, ante el enemigo común de occidente y el asesinato del líder, Alí Jomeneí, se cohesionaron alrededor del nuevo mandatario y el régimen no sólo prevalece sino que se fortalece.
La revuelta organizada por la CIA en las calles de Tehéran, se convirtieron en odio generalizado hacia Trump.
El entusiasmo de derribar las principales defensas antimisiles de Estados Unidos complementa el entusiasmo de los iraníes por concentrarse a favor del régimen que fue pretexto de Trump para atacarlos por sorpresa sin saber que perdería la guerra.
Nadie olvida en el mundo el sorpresivo ataque a una escuela de niñas estudiantes de Ciencias en Irán. Imperdonable el atentado genocida, como la muerte de su líder.
Lo mismo podría suceder en Cuba, donde la disidencia cobra conciencia de su nacionalismo y rechaza los intentos de invasión desde Miami, apoyando al régimen.
Trump todavía no se ha dado cuenta que unificó países de Medio Oriente alrededor de Irán, contra Israel, al que no dejarán en paz de aquí en adelante.
El atentado de Ndiaga Diagne, ciudadano estadounidense naturalizado de origen senegalés, quien asesino a 2 personas e hirió a 24 en Austin, Texas, suman posibilidad de la guerra civil.
Los ciudadanos estadounidenses cometen más delitos que los inmigrantes: tres cuartas partes de los traficantes de drogas son estadounidenses, y la mayoría de las drogas y armas ingresan al país por puertos legales.
Las tasas de criminalidad y encarcelamiento son más bajas entre los inmigrantes, incluso entre aquellos en situación migratoria irregular y lo saben en la Casa Blanca. Esa guerra civil, no puede achacarse a los inmigrantes como quieren ahora afirmar los republicanos y los demócratas, incluso los conservadores mexicanos que hubieran deseado nacer en el vecino país. Lo cierto es que Trump ha impulsado un levantamiento social irreversible que crece cada día.
Ahora hasta los militares, de todos los rangos, se niegan a salir a pelear a Medio Oriente, como muestra del alejamiento de los militares estadounidenses a los soldados israelíes. A quienes no sólo no quieren apoyar sino que los ven con recelo ante la barbarie que comenten desde hace años, con la población civil de Palestina.
Ahora, les ordenan a los militares del vecino país, disparar contra la población civil que quiere rebelarse ante los designios de dictador. Buena parte de la población del vecino país está armada.