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El Estado soy yo

El Estado soy yo

Columnas lunes 21 de septiembre de 2020 - 00:48

Por Miriam Heredia

La falta real de contra pesos, la preservación de espacios para reiterar su narrativa y el desprecio por acatar la ley, nos muestra el estado de esquizofrenia que padece el presidente de nuestro país. Para muestra varios botones: “Ya no hay torturas, desapariciones ni masacres”, “el 90 por ciento de las llamadas de mujeres al 911 son falsas”, “tenemos que ser respetuosos de los derechos humanos. Los delincuentes son seres humanos que merecen nuestro respeto y el uso de la fuerza tiene límites” y “el gobierno federal no va a reprimir ni censurar a nadie, se garantizará el derecho a la libre manifestación de las ideas”. Dicho padecimiento podría entonces apuntar al verdadero sentido de sus palabras: “El Estado soy yo”.

Un poder legislativo cooptado por su partido mayoritario, la destrucción de instituciones, el detrimento al poder y campo de acción de organismos constitucionales autónomos, un poder judicial federal temeroso y otros locales sumamente corruptos y grupos empresariales amedrentados o favorecidos por el gobierno “central”, únicamente pueden repetir los vocablos que el regente supremo autoriza y valida. Por supuesto que la concentración de dicho poder no se ha encontrado libre de obstáculos. Un grupo de gobernadores, organizaciones de la sociedad civil, intelectuales y colectivos ciudadanos han manifestado sus profundos desacuerdos y reclamos. Mismos que como hemos observado, no se han encontrado libres de represalias.

Titulares de organismos de derechos humanos han sido “persuadidas” a renunciar, las amenazas de contraer los presupuestos por virtud de “la austeridad republicana” son recurrentes, los comediantes vapuleados han sido expulsados de sus canales, revistas críticas han sido inhabilitadas para contratar publicidad oficial, decretos presidenciales con mayor alcance material que las leyes y la constitución han violentado derechos humanos, la recuperación “voluntaria” de un porcentaje del sueldo de empleados del gobierno, el tiraje de boletos comprados para la rifa del avión por empresarios y la consulta en boga respecto a investigar anteriores presidentes, son hechos que hablan por sí mismos.

Sin embargo, debemos recordar que el Estado no es López Obrador. El Estado se integra también por las más de 73 mil víctimas que murieron a causa de la pésima estrategia para contener la pandemia. También lo son las víctimas en los 45 casos documentados en los que asesinaron a cinco personas o más en 20 estados, los 96 homicidios dolosos cometidos al día en la primera mitad del año, por las mujeres víctimas de violencia de género y feminicidios, por el 25% de la población que se ha quedado sin empleo.

Como lo hemos apuntado en anteriores entradas, la realidad es que vivimos en un país autoritario en el que, bajo la tesitura actual, el único contra peso a ese pretendido gobierno omnipotente y su presidente déspota, somos nosotros.





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/CR

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