Desde la llegada de Xi Jinping al poder, China adoptó una política exterior agresiva como consecuencia de haber ampliado de manera significativa su influencia económica a lo largo de todo el mundo. Esta actitud es apodada como “la diplomacia del lobos guerreros” y consiste, sobre todo, en la adopción, por parte de los diplomáticos chinos, de un tono cada vez más estridente contra Estados Unidos, Australia, Canadá, India, República Checa y todo aquel país demasiado condescendiente con Taiwán o crítico de China, por temas como el respeto a los derechos humanos, el surgimiento del Covid o el tratamiento a Hong Kong. Todo esto contrasta agudamente con la vieja postura china hacia el exterior, tradicionalmente conservadora, pasiva y de bajo perfil, y pretendidamente apuntala la megalómana pretensión de Xi de convertir a su país en la potencia más poderosa del mundo.
Sin embargo, esta estrategia pronto empezó a demostrar sus grandes limitaciones. China se ha vuelto muy impopular. El último fracaso de su diplomacia de “lobos guerreros” fue el caso de Lituania. Este pequeño país báltico decidió en 2021 ampliar sus vínculos con Taiwán. La respuesta de China fue perentoria y draconiana. Pekín no toleraría ningún desafío al principio de “una sola China” y empezó a castigar a Lituania con medidas coercitivas comerciales y económicas. Los lituanos no se amedrentaron, ni siquiera cuando China exigió a las empresas multinacionales reducir sus inversiones en Lituania so pena de ser sometidas a sanciones. De hecho, el acoso a Lituania resultó contraproducente y está incluso estimulando a la unidad europea. Aunque la dependencia del viejo continente con China es grande, la Comisión de la UE elaboró un instrumento anti-coerción para protegerse de los chantajes de Pekín. Por otro lado, la situación obligará a Europa a diversificar sus cadenas de suministro. Tales son las consecuencias imprevistas de las tácticas de intimidación de China hacia Lituania.
La prepotencia de los lobos guerreros es muy mal vista en el mundo y la cúpula del Partido Comunista al parecer ya lo entendió. Por eso Xi Jinping pidió hace algunos meses a los principales cargos políticos modificar esta estrategia y cultivar una imagen internacional "fiable, admirable y respetable" para “mejorar el poder blando de China”, sobre todo ahora, a un mes de inaugurarse los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín. Los líderes chinos se pusieron a sí mismos en una trampa al incentivar al nacionalismo, pero una retórica más constructiva y amigable encajaría mejor en el rol de gran potencia reclamado por el país. El secreto es encontrar una vía intermedia para combinar firmeza con humildad. Nunca es fácil, sobre todo porque hasta el momento la intención de cambiar el tono en la política exterior no se refleja en acciones concretas.