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El camino de la justicia por la igualdad

El camino de la justicia por la igualdad

Columnas jueves 18 de junio de 2020 - 02:53

El pasado lunes tuvo lugar en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos un choque entre las dos visiones jurídicas hegemónicas que han coexistido desde prácticamente los inicios de su función: el originalismo vs. el extensivismo.
Esta vez, el encuentro entre posiciones se dio con motivo de tres casos distintos y acumulados —Bostock vs Clayton County— en torno a la interpretación de la Ley de Derechos Civiles —1964— en el ámbito laboral. Gerald Bostock, trabajador del condado de Clayton, Georgia, fue despedido cuando comenzó a jugar en una liga de softball gay; Donald Zarda fue despedido de la empresa Altitude Express por haber bromeado con una clienta, diciendo que él era homosexual; y, finalmente, Aimee Stephens fue despedida en 2013 de la funeraria Harris Funeral Homes cuando informó a su patrón que comenzaría a ir a trabajar como mujer, siendo que al ser contratada inicialmente había declarado ser hombre.
El Título VII de la Ley de Derechos Civiles prohíbe la discriminación de los empleados, entre otras razones, por cuestiones de sexo. La disputa en la Corte estuvo centrada en decidir si, por la connotación: “sexo” establecida como estándar para evitar discriminicaión laboral, debía entenderse solamente la distinción entre mujer y hombre, al haber sido esa la expresión utilizada por el legislador, o también, en la misma se incluían las preferencias y autoadscripciones que cada persona tuviera en su ámbito sexo-genérico.
El ministro Gorsuch, quien redactó la opinión de la mayoría, sorprendió a toda la unión americana —hay que recordar que fue propuesto por Trump, precisamente, por ser un juzgador con decisiones conservadoras— al señalar enfáticamente que un patrón que despide a una persona por ser homosexual o transgénero, lo hace a partir de rasgos que son discriminatorios, por lo que esas preferencias también están protegidas contra ese tipo de despidos, aunque la ley no lo diga expresamente.
Con esta sentencia, la Corte envía un potente mensaje: no es legal despedir a una persona solamente por su orientación sexual o porque su identidad de género no se ajuste a lo que socialmente se identifica como hombre o mujer.
Esta sentencia da sentido a la idea del Chief Justice —Ministro Presidente— de la Corte, Earl Warren —a mi juicio, uno de los más relevantes que ha tenido el tribunal—, quien al pronunciarse sobre el caso de segregación de los alumnos afroamericanos en escuelas a las que solamente asistían personas de raza blanca —Brown vs. Board of Education, 1954—, expresó que el originalismo no puede implementarse como método interpretativo a todos los asuntos planteados ante la Corte, porque la realidad social y política de un país cambia constantemente, siendo esa realidad la que exige una aplicación del derecho diferenciada del momento en que la norma jurídica se expidió.

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/CR

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