Los grandes liderazgos, a lo largo de su carrera política, viven grandes desafíos que ponen a prueba su capacidad. Son periodos que, inclusive, sirven para medir la resistencia y el grado de compromiso de salir adelante a pesar de la adversidad. Eso, con frecuencia, suele pasar en la vida sociopolítica de Marcelo Ebrard. Desde que tuvo sus primeros encargos en la Ciudad de México, él mismo lo citó en su libro “El Camino de México”; el enorme reto fue haber reconstruido una cantidad importante de viviendas luego del terremoto de 1986. Él, en ese entonces, fue uno de los encargados de inhibir el impacto y, de paso, arropar a los damnificados. Pero eso no fue todo: con el paso de los años fue confirmando esa vocación de servir, pero también de sobreponerse a la infamia. En lo personal, admiro mucho esa capacidad de superar las hostilidades.
Hace poco, de hecho, la prensa conservadora y algunos medios abrieron fuego en contra del secretario de Economía. Fue muy notoria la forma en que trataron de propagar la andanada. De hecho, me llamó mucho la atención la forma en que asumió la postura Marcelo. Explicó a detalle que jamás se incurrió en un uso indebido del presupuesto y, por ende, se trató solamente de aceptar una invitación amable para una estadía corta. Al no encontrar un conflicto de intereses ni mucho menos una falta, la misma presidenta Sheinbaum respaldó la labor de Ebrard. Para que no quede duda de todo ello, desde la tribuna de la mañanera, le dijo a la población que Marcelo está haciendo un trabajo excepcional. Ese mismo día, en efecto, se ratificó lo determinante que es la experiencia y la madurez de un perfil crucial. A todo ello, agregó la presidenta, vivimos momentos decisivos que están contribuyendo al tratado comercial con Estados Unidos y Canadá.
En todo caso, Marcelo Ebrard es el personaje con mayores credenciales para negociar el tratado comercial. Él, podemos decirlo así, se formó en ese camino desde los tiempos de Andrés Manuel López Obrador. No fue solamente en la parte técnica, sino en todo lo operativo y lo que envuelve un marco de esta naturaleza. Marcelo, de hecho, siempre consideró mantener esas relaciones con personajes del vecino país. Esa firme convicción, cuando los momentos de tensión llegaron, hizo que Ebrard sacara a flote su mejor versión. Hace un par de días, que tuvo un encuentro con empresarios en Nuevo León, recordó que se subsanó una enorme tensión porque, en aquel entonces, la amenaza de Donald Trump fue desaparecer el T-MEC. Fueron, ni más ni menos, fases de mucha intensidad en las que, por supuesto, influyó la persistencia, pero también el deseo de salir adelante ante la inmensa brecha que se había formado.
Y hoy, que las raíces del T-MEC volvieron a florecer, hay una enorme esperanza de que se logre un acuerdo comercial histórico. El propio Marcelo Ebrard, en conferencia de prensa, recordó que será el 26 de mayo, fecha que está presupuestada para iniciar las pláticas formales de la negociación. Lo que hay, hasta ahora, son encuentros periódicos para ponerse de acuerdo con aspectos técnicos. Inclusive, habrá más reuniones para concentrar temas inherentes. Para fortuna de los mexicanos y del gabinete de la presidenta, tendremos encabezando los trabajos en la primera línea a Marcelo, que ha constituido su equipo negociador de primera.
Todo ese espíritu de transformación, ahora que la presidenta ha reafirmado la permanencia inexorable de Marcelo Ebrard, ha traído consigo una espiral de buenas noticias con esa capacidad probada del secretario de Economía. Siendo así, podemos decir que Ebrard está hecho a la medida para estos grandes desafíos, mayormente cuando se impone en grandes acuerdos que benefician directamente en el desarrollo del país. Ayer, a propósito, compartió tribuna con la presidenta en las inmediaciones de Palacio Nacional para anunciar que hay acuerdo para el fomento de la industria de la siderúrgica. Dando más detalles de ello, sale a escena el enorme proyecto del Plan México y, por ende, el potencial de los productos naturales que hay en nuestro país.
En lo que se refiere al acuerdo con la iniciativa privada y con empresarios de mucho renombre, el mismo Marcelo explicó las ventajas que tendremos ahora que se multiplique la elaboración de acero de muchísima calidad. Eso, a la par de generar una cantidad importante de empleos, nos coloca en un terreno de competitividad con otras naciones; es decir, seremos menos dependientes de esos productos ahora que se privilegia la insignia Hecho en México. Para lograr esto, desde luego, salieron a flote los buenos oficios del secretario de Economía, que vive su mayor momento de lucidez política. Su talento y su sapiencia, en verdad, son lo que marcan la diferencia en la consagración del segundo piso de la transformación. En ese sentido, la inmensa mayoría de mexicanos cree en su labor y experiencia ahora que se acerca la mayor prueba de fuego: el T-MEC, donde el desempeño no solo deberá imponerse, sino alcanzará las metas que se trazaron.