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El diálogo como esencia del oficio político

El diálogo como esencia del oficio político

Columnas martes 16 de diciembre de 2025 -

Lo ocurrido en el Congreso de la Ciudad de México durante la discusión de la reforma en materia de transparencia invita a una reflexión serena sobre el sentido y el deber ser del oficio político. Más allá de las imágenes desafortunadas, el episodio recuerda la importancia de fortalecer el diálogo como herramienta central de la vida parlamentaria y de la democracia.

El Congreso es, por definición, el espacio donde convergen visiones distintas y, en ocasiones, opuestas. Esa diversidad no solo es natural, sino necesaria. El reto del oficio político consiste precisamente en transformar el desacuerdo en deliberación productiva, en encontrar rutas de entendimiento sin que ello signifique renunciar a convicciones. La política, en su mejor expresión, es el arte de construir acuerdos duraderos a partir de la diferencia.

Las discusiones intensas forman parte del trabajo legislativo, sobre todo cuando se abordan temas sensibles que impactan derechos ciudadanos y estructuras institucionales. Sin embargo, el deber ser del parlamento demanda que esas diferencias se procesen con respeto, paciencia y responsabilidad. El diálogo no es un trámite, sino una práctica que requiere tiempo, voluntad y reconocimiento del otro como interlocutor válido.

El oficio político también implica anticiparse a los conflictos. Escuchar a tiempo, honrar los acuerdos y abrir espacios de negociación antes de que las tensiones escalen permite evitar escenarios de confrontación innecesaria. La experiencia y la prudencia son valores fundamentales en la política: ayudan a despresurizar los momentos críticos y a recordar que ninguna decisión se construye en soledad.

En una democracia plural, las mayorías tienen la responsabilidad de conducir los procesos con apertura, y las minorías, la de expresar sus posturas con firmeza, pero siempre dentro de los cauces institucionales. Cuando ambas partes asumen ese compromiso, el debate se enriquece y las decisiones ganan legitimidad. La política no se mide solo por los resultados que se alcanzan, sino por las formas en que se llega a ellos.

La ciudadanía espera de sus representantes altura de miras y capacidad para dialogar, incluso en los momentos más complejos. Ver a sus legisladoras y legisladores intercambiar ideas, defender posturas y, eventualmente, construir consensos, fortalece la confianza en las instituciones. Cada sesión es una oportunidad para demostrar que el desacuerdo puede resolverse con argumentos y no con confrontaciones.

Reivindicar el oficio político es apostar por la palabra, la negociación y el respeto mutuo. Es entender que el Congreso debe ser ejemplo de civilidad democrática. En ese deber ser, el diálogo no sólo es deseable: es indispensable para honrar la responsabilidad pública y fortalecer la vida institucional de la ciudad.

¿Y tú, qué harías si tuvieras el honor de ser diputad@? Me interesa tu opinión, escribeme en redes sociales, aparezco como @federicoreyestv


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