Cuando un partido anuncia que “abrirá sus candidaturas a la ciudadanía”, lo que realmente está diciendo es que ha perdido algo más profundo: competitividad, cuadros y credibilidad. Eso es exactamente lo que hoy ocurre con el PRI y el PAN.
Ambos partidos han salido, casi al mismo tiempo, a prometer una apertura inédita: candidaturas para ciudadanos sin militancia, procesos más flexibles, menos control cupular. Suena biendemocratizar la política, devolverle el poder a la gente, oxigenar estructuras. El problema es que esta película ya la vimos. Y no tiene final feliz.
No se nos olvida que el PRI ya intentó “reinventarse” con el eslogan del “nuevo PRI”. Aquella operación de maquillaje político prometía juventud, nuevos cuadros, modernización, cercanía y eficacia. Lo que produjo fue exactamente lo contrario. Hoy, con figuras desgastadas y estructuras erosionadas, vuelve a apostar por la misma lógica: cambiar el discurso sin transformar el fondo.
El PAN, por su parte, tampoco puede presumir coherencia. Su experimento más reciente fue el proceso que llevó a Xóchitl Gálvez a la candidatura presidencial. Vendido como un ejercicio ciudadano, abierto y competitivo, terminó siendo una simulación, al final, las decisiones relevantes se tomaron en las cúpulas de siempre. La promesa de apertura se diluyó en la práctica.
¿Por qué, entonces, ambos partidos insisten en la misma receta?
La respuesta está en Morena. El sistema político mexicano ha mutado hacia un modelo donde la competencia real no siempre ocurre entre partidos, sino dentro del partido dominante. Morena ha institucionalizado un mecanismo de selección que, con todas sus tensiones, premia el posicionamiento, el reconocimiento y la competitividad electoral. En muchos territorios, ganar la encuesta interna equivale, en términos prácticos, a ganar la elección constitucional. Eso cambia todo.
Porque mientras Morena disputa el poder hacia adentro, PRI y PAN enfrentan un problema estructural: no tienen suficientes perfiles competitivos ni la marca electoral necesaria para sostenerlos. Sus derrotas no son coyunturales; son acumulativas. Y frente a esa realidad, abrir candidaturas no es una decisión ideológica, sino un grito de auxilio.
Pero, cuando la apertura no se construye sobre reglas claras, instituciones sólidas y confianza pública, se convierte en simulación. En el mejor de los casos, atraerá perfiles sin arraigo partidista ni estructura territorial. En el peor, profundizará los conflictos internos entre militantes desplazados y candidatos externos sin legitimidad.
Además, la apertura por sí sola no resuelve el problema central. Porque el déficit de PRI y PAN no es únicamente de candidatos, también carecen de proyecto político y de simpatizantes. Sin narrativa, sin identidad y sin conexión social, ningún mecanismo de selección, por más abierto que sea, puede garantizar competitividad.
Por eso esta nueva apuesta tiene un aire familiar. No por innovadora, sino por repetitiva. Es la ilusión de que cambiar el método sustituye la necesidad de cambiar el fondo. Cambiar, para que nada cambie.
Así, la pregunta no es si la apertura funcionará, la cuestión es si alguien todavía les cree.
ENTRE GITANOS
DE IZTAPALAPA PARA LA CIUDAD
La inauguración de la Utopía Mixiuhca no fue un evento más en la agenda de la jefa de Gobierno, Clara Brugada; fue la confirmación de que este modelo territorial que nació en Iztapalapa ya dio el salto a toda la ciudad.
La meta es clara: llegar a 100, como herramientas de transformación social. La Utopía Mixiuhca, por su ubicación estratégica, por la calidad de sus instalaciones y la diversidad de servicios, es una pieza demostrativa de que el proyecto tiene futuro.
Por eso no sorprendió que la plana mayor del movimiento quisiera estar presente. Pero, lo verdaderamente notable fue que no hubo ni una sola expresión en contra. Ningún grupo inconforme, ninguna interrupción. Eso, en la CDMX, no es casualidad. Detrás hubo operación política fina, gobernabilidad. El resultado del trabajo político de la Secretaría de Gobierno, a cargo de César Cravioto, habla por sí mismo.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com