Según la antigua filosofía oriental budista, la avidez (o deseo) y la aversión son las principales causas del sufrimiento.
Estas se pueden presentar en dos maneras: "no tengo lo que quiero" (personas, cosas, situaciones) o bien, "no quiero lo que tengo" (enfermedades, problemas, circunstancias).
De acuerdo con esta corriente de pensamiento, el desapego consiste en superar la avidez y la aversión; y así poder suprimir el sufrimiento.
Evidentemente, a nadie le gusta sufrir, así es que buscar el cese del sufrimiento tiene sentido. Es incluso algo que podría darle sentido a la propia vida (si es que resulta posible atribuirle algún sentido específico).
La mayoría de las corrientes filosóficas plantean que el fin último de la existencia del ser humano, es la búsqueda de la felicidad. En esta línea de ideas, puede decirse que se podría alcanzar la felicidad eliminando el sufrimiento.
En general, la vida podría ser comprendida como el conjunto de experiencias (y aprendizajes) que acumulamos a lo largo de nuestra existencia. Hay algunas que vale la pena repetir (pero nada con exceso).
Pero a veces nos privamos voluntariamente de experimentar algunas vivencias. También en ocasiones, la pena o el miedo nos limitan y nos impiden realmente vivir.
De la misma forma, estar anclados en el pasado, es una forma de apego. El antídoto para ello es tomar plena conciencia y atención de lo que sucede en el momento presente.
El pasado no existe. Es solo un montón de historias que nos contamos para tratar de comprender el presente. Si bien no se puede cambiar el pasado, si es posible modificar nuestra percepción de él.
Lo mismo sucede con el deseo de ser mejor, de destacar. Este es producto del ego, y en realidad no sirve para nada. Al igual que la culpa, el remordimiento y la pena.
Alejarse de la tentación del ego es algo realmente liberador. No siempre podemos estar "arriba" en la rueda de la fortuna.
Por ejemplo: Todo padre debe recordar que también fue hijo, todo maestro debe recordar que alguna vez fue alumno, todo jefe debe recordar que ha sido también subordinado, y todo gobernante debe recordar que también es un ciudadano.
La verdadera "realización" del ser humano, paradójicamente, es llegar a su contrario. Al "no ser".
Como padre, mi aspiración es que mis hijos, en el momento oportuno, me abandonen. Como maestro, aspiro a que mis alumnos me superen. Como Jefe me gustaría que los colaboradores me rebasaran, y como líder, aspiro a ser olvidado cuando los objetivos de un proyecto se hayan cumplido.
Flor de Loto: Prefiero inviertir mi tiempo y energía en llegar al "no ser". En mi opinión, la función ideal del "ser" es buscar siempre alcanzar el "no ser".