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El número que puede cambiar 

El número que puede cambiar 

Columnas lunes 25 de mayo de 2020 - 00:40

Es inminente que cuando padecemos prácticas de represión infligidas por grupos que detentan el poder, nos hagamos la pregunta: ¿qué podemos hacer para cambiar el statu quo? Seguramente el primer esbozo de respuesta será que en realidad no podemos hacer mucho, ya que no contamos con los mismos recursos humanos y materiales que detenta el régimen, por lo cual lograr cualquier cambio se encuentra lejos de nuestro alcance. Ello es totalmente falso.

Al respecto hay dos esquemas que podemos poner en marcha.

Recordemos que la espina dorsal de los movimientos de resistencia es la movilización masiva. Es decir, la principal fortaleza de las campañas no violentas proviene de los números (“strength in numbers”). Las tácticas no violentas permiten abrir las puertas a una mayor cantidad de participantes al sustentarse en el poder social inherente de desobediencia que tiene la población.

Luego entonces, el primer esquema debe apuntar a movilizar al mayor número de personas. Lo anterior no implica que todas participen en las mismas tácticas. Como hemos dicho anteriormente, existen prácticas de concentración, como las marchas masivas por las calles principales por los derechos de las mujeres, el 8 de marzo, y de dispersión, como lo fue el consecutivo paro nacional de mujeres como protesta frente a la tasa de feminicidios en el país.

Aquí, es importante mencionar “la regla 3.5” acuñada por Erica Chenoweth. Después de estudiar cientos de campañas del último siglo, determinó que a pesar de que pueden existir múltiples factores que pueden influir en la sostenibilidad de éstas, cuando participa activamente el 3.5 por ciento de la población, se puede anticipar una transformación sustantiva en el sistema. Las campañas no violentas en Filipinas, República Checa, Argelia y Sudán son algunos ejemplos.

El segundo esquema es complementario al primero. El cambio se puede lograr aun cuando no se cuenta con ese número de participantes si se logra sostener el momentum. Para ello Chenoweth utiliza una ley física: p=mv —masa por velocidad— al explicar que la potencia en la resistencia civil es un producto de la cantidad de participantes y el número de eventos de protesta que se lleven a cabo. Dicho “impulso” en los movimientos en donde haya participación masiva sostenida por un determinado periodo —en lugar de una sola marcha— representa un costo mayor de represión y tiene mayor probabilidad de lograr deserción en los grupos de poder.

En México somos aproximadamente 126 millones de personas, por lo que requerimos planear estrategias para movilizar a 4.4 millones y desplegar numerosas e innovadoras tácticas (sobre todo de no cooperación como los boicots) en un corto periodo. Utilizar métodos no violentos no se trata únicamente de una decisión moral, sino de utilizar las armas más efectivas para lograr cambiar el sistema.

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/CR

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