Las encuestas desplazaron al “dedazo” en la nominación de candidatos o candidatas a presidentes o a gobernadoras.
Ahora, las encuestas tienen la última palabra. Es el procedimiento por el que han optado los partidos.
Empezó por hacerlo Morena y lo siguieron los demás. Se convencieron de que es lo mejor, tomarle el pulso a la sociedad, para no equivocarse en la postulación y aumentar las posibilidades de triunfo.
Las dos actuales coordinadoras, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, fueron electas mediante encuestas.
Seguro sucederá lo mismo con el candidato o candidata de Movimiento Ciudadano.
Hay total confianza en las encuestas, sobre todo si son hechas por empresas serias, eficaces, con mínimo margen de error.
Los únicos que ponen en duda el resultado de las encuestas son los que no aparecen en el primero o primeros lugares. Entonces las encuestas no son confiables, las haga quien las haga.
Cierto que existen empresas encuestadoras que hacen su trabajo a la carta, al gusto del cliente, del que paga. Un autoengaño para el aspirante que las cree y un negocio falto de ética del encuestador.
Los dos, tanto el que las manda a hacer como el que las hace, pierden. Para el primero es una falsa realidad y para el segundo, si bien gana dinero, termina por desacreditarse en el mercado.
Por supuesto que los partidos conocen a las empresas que son confiables y a las que carecen de ética.
Si la meta es ganar elecciones, sería tonto contratar empresas que para nada han sido certeras en sus estimaciones.
Igual de tonto sería contratar una encuestadora seria y no tomar en cuenta sus cifras o resultados.
Hay medios de comunicación que han formado sus equipos de encuestadores y otros han preferido contratar empresas externas.
Los medios se esmeran en cuidar su credibilidad, así tengan un año, cinco años o más de cien años en la industria editorial. No van a exponer su imagen por favorecer a determinado candidato o candidata. Lo que obtendrían en pesos y centavos por una maniobra de ese tipo no sería nada comparado con el daño que sufriría su prestigio, por el resto de su existencia.
En vez de tratar de poner en duda la encuesta de un medio de comunicación, lo que deberían hacer los que van abajo en las preferencias es ocuparse en mejorar su desempeño.
La encuesta de Buendía y Márquez, publicada en el diario El Universal, que le da una amplia ventaja a Claudia Sheinbaum, 30 puntos porcentuales por arriba de Xóchitl, provocó voces y mensajes que trataron de restarle valor, en vez de reconocerla y digerirla.
Santiago Creel dijo que no sería la primera vez que la encuestadora es imprecisa en sus estimaciones. Roberto Madrazo se atrevió a escribir que el resultado era explicable porque la hija del dueño del periódico, con un grupo de jóvenes, apoya a Claudia.
Independientemente de las reacciones que provocan las encuestas, es un hecho que acabaron con el “dedazo” para nominar candidatas o candidatos presidenciales o candidatos o candidatas a gobernadoras.
Las encuestas son lo de hoy, los partidos las prefieren para sus nominaciones. Las consideran más confiables que la decisión de una sola persona, como se acostumbraba y era hasta una ley no escrita del Revolucionario Institucional.
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