Es el poder judicial del pueblo porque con su voto el pueblo eligió a los juzgadores;
una primera parte en 2025, los que faltan en 2027.
Ya se había podrido el sistema, alejado del pueblo y con jueces, magistrados y ministros que se sentían intocables, dioses del olimpo. Con vicios imperdonables, sueldos privilegiados, por encima de cualquier otro servidor público; prestaciones ofensivas y fideicomisos creados para ese propósito. Sentencias por consigna y nepotismo enraizado.
Un poder al que se le temía, al que se le reverenciaba, al que no se le podía tocar ni con el pétalo de una rosa; con las puertas abiertas solo para los poderosos. Los medios eran demasiado cautelosos, timoratos; las críticas aisladas y medidas por miedo a sufrir las consecuencias de la venganza o el desquite en el momento en que estuvieran sujetos a proceso.
Tenía acotados a los medios, con la guadaña de la ley a la mayoría y, para los que se creían adalides de la libertad de expresión, echaba mano del recurso de la publicidad, así que no sería ocioso revisar el gasto utilizado con esos fines y a quienes se pagó.
A grandes males, grandes remedios.
Por eso la renovación del poder judicial, por eso la elección popular, por eso ahora México tiene un poder judicial del pueblo.
Nuestro país no fue el primero en el mundo donde el pueblo eligió a sus juzgadores, antes lo hizo Bolivia; y a nivel local existen experiencias en Estados Unidos, Suiza y Japón.
El reto es mayúsculo para quienes han llegado por la vía del voto. Si bien hay que ver lo que ha sucedido en otros lados, que sea para aprender a dar mejores resultados, para no fallarle al pueblo que clama justicia. Es el gran reto, responder a las expectativas del pueblo.
Deben saber los juzgadores que han llegado por la vía del voto, los ministros, las ministras, los magistrados, magistradas, los jueces y juezas que el mundo estará observando lo que hagan.
Si los que estaban antes no hacían justicia al pueblo, los que ahora se han puesto la toga están obligados a hacerla.
Hay injusticias que se tendrán que corregir, ya no permitir ninguna más. Se entiende que no llegan con la varita mágica y que un día sería insuficiente para limpiar todo. Lo fundamental es que se avance en la purificación del sistema, irle poniendo punto final a los vicios y proceder contra los malos juzgadores, no perdonarlos como lo hizo el extinto Consejo de la Judicatura Federal.
No estarán exentos de la maledicencia, saben que los mismos que se opusieron a la reforma judicial, aunque estaban convencidos de la necesidad de renovar al poder judicial, son los mismos que ahora hablan de “la Corte del acordeón”, los mismos que inventaron que ministros y ministras se habían ido a celebrar al restaurante francés Au Pied de Cochon.
No serán los últimos mitos y falsedades que se propaguen, vendrán más de parte de quienes estarían empeñados en que el método fracase; por diversos medios intentarán desacreditarlo.
El mejor antídoto no puede ser otro que hacer justicia; es el que deberán aplicar los ministros y ministras Hugo Aguilar Ortiz, Lenia Batres Guadarrama, Yasmín Esquivel Mossa, María Estela Ríos González, Sara Irene Herrerías Guerra, Loretta Ortiz Ahlf, Giovanni Azael Figueroa Mejía, Irving Espinosa Betanzo y Arístides Rodrigo Guerrero García.
Igual deberán hacer todos y todas las juzgadoras, los magistrados y magistradas, jueces y juezas, en cualquiera de los espacios que integran el poder judicial.
Hacerle justicia al pueblo es el reto.
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