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Columnas
La realidad, que actualmente constituye un punto clave, tiene una lectura distinta a la perspectiva que dibuja la oposición. De hecho, el propio tiempo ha puesto a cada fuerza política en el lugar que le corresponde. El PRD, por ejemplo, tuvo que pagar cara la traición a las bases de la izquierda luego de firmar el pacto por México. Esos mismos impulsores de la ignominia que cargaba el paquete de iniciativas que proyectó Enrique Peña Nieto, están encumbrados en el PAN. Ellos, a pesar de presumir ser la segunda fuerza política del país en las condiciones que están, continúan cayendo en detrimento; es decir, pasaron de ser un contrapeso fuerte a una minoría que, en términos de proporción, no cuenta con el empuje para contener los proyectos constitucionales que ha ido avalando la fracción parlamentaria de Morena en ambas cámaras.
Aunque, más allá de eso, todo esta vorágine de acontecimientos ha traído, además de una correlación de fuerzas, un cambio sustancial que habla de los principales semblantes de quienes encabezan las dirigencias nacionales. El PAN, por ejemplo, es sinónimo de corrupción, si nos ponemos detalladamente a observar cada detalle. El mismo Jorge Romero, que tiene fuertes señalamientos, está destinado a fracasar con el efecto negativo que genera la marca de Acción Nacional, que, en vez de reestructurarse, le apostará a las gubernaturas con los mismos rostros que han desfilado por el minucioso escrutinio que realiza la población. Ellos, al final de cuentas, son los que decidirán el destino en las elecciones. Una de ellas, desde luego, la que se avecina en un par de años en que se renovarán 16 gubernaturas. En los hechos, evidentemente, hablamos de la mitad del país; lo que está en juego irá generando las condiciones con miras al proceso presidencial del 2030.
Sin ir más lejos, el PAN, todo apunta que sea así, encaminará a Ricardo Anaya como su abanderado a la gubernatura de Querétaro. Lejos de ser un perfil atractivo para el electorado, terminará por perder uno de los últimos bastiones de la derecha a lo largo y ancho del país, pues la ciudadanía, de acuerdo con las encuestas de opinión, está dispuesta a darle el voto de confianza a Morena. Los estudios que se han dado a conocer, muestran un incremento en la intención del voto para el lopezobradorismo. Eso, a la par de generar una motivación, crea las condiciones para arrebatarle un punto clave al conservadurismo. Si el panismo no ha querido asumir esa realidad, el autoengaño, como lo fue para el PRI en el Estado de México, será la puerta de acceso para la alternancia en un par de años más. No es una exageración ni mucho menos una quimera el pensar que eso puede pasar.
Las propias encuestas, que tanto ha criticado la oposición en vísperas del pasado dos de junio, han ido anticipando este clima de certidumbre para Morena en Querétaro. Hay, por ejemplo, estudios de opinión que colocan al PAN y el partido guinda en condiciones parejas cuando hablamos de términos de porcentaje. En algunos casos, de hecho, el lopezobradorismo ha rebasado al blanquiazul en un hipotético escenario del 2027. Hay, por así decirlo, voces que alientan a la alternancia. Se aproxima, así como aconteció en el Estado de México, un cambio al paradigma del que estamos convencidos todos. Para que eso suceda, en definitiva, la apuesta de Morena, además de la capacidad, tendrá que ser muy objetiva para optar por el mejor activo que, sobra decir, radica en la imagen de Santiago Nieto, uno de los personajes claves del engranaje presidencial de Claudia Sheinbaum. Él, a propósito de ello, atraviesa por el mayor momento de lucidez en su larga trayectoria y, mejor aún, encabeza todos los estudios metodológicos en el seno morenista.
El futuro de Morena en Querétaro, no tengo la menor duda, es muy prometedor, especialmente por la votación histórica que promedió el pasado dos de junio para la fórmula del Senado de la República. Eso sirve para ir calibrando el potencial de los aspirantes, pues el mismo Santiago Nieto, recordemos, hizo una campaña digna y a la altura de las circunstancias. Así podemos resumir el trabajo territorial que ha realizado Santiago, hoy convertido en la carta más atractiva del grueso de la militancia de Morena en aquella entidad. Entonces, encabezados por Nieto, la izquierda, que irá en coalición con PT y PVEM, tiene todo para doblegar y, de una vez por todas, poner fin a la hegemonía del PAN. Esa hazaña, a propósito de ello, la logró el lopezobradorismo en el Estado de México cuando muchos, entre periodistas conservadores, jamás se imaginaron que eso sucedería.
Y como la política es el arte de lo posible, Morena, en concreto, está despertando mucho interés en Querétaro. Es muy fácil de entender una concepción de esa naturaleza: la abrumadora aprobación que tiene la presidenta Claudia Sheinbaum, sumado a la estructura que ha sabido conducir y nutrir Santiago Nieto, son dos elementos que, entrelazados, posibilitan más la llegada de Morena al poder ejecutivo estatal de Querétaro.