¿Quién podría estar en contra de ayudar a los más desprotegidos?; ¿quién podría negarle ayuda a quienes más lo necesitan?, algunos desubicados lo harían pero la inmensa mayoría sin duda lo apoyaría.
El problema de los programas sociales de esta y todas las administraciones anteriores sin importar el color es que tienen dos características que dañan a México terriblemente.
1) En realidad son programas clientelares, destinados a cooptar la voluntad popular, comprar el voto, vender que gracias a ellos se recibe esa ayuda, lo que fácilmente les compra un pueblo bueno y sabio, pero profundamente mediocre e ignorante en una gran proporción.
2) Su financiamiento se sustenta en los mismos ingresos de siempre, en los ingresos cautivos, en los ingresos de los que siempre pagamos impuestos, no les importa que la cobija se haga cada vez más y más chica.
¿Hasta dónde los programas clientelares van a poder subsistir sin que vuelvan a generar un hoyo presupuestal como en otras épocas?
Quienes somos catastrofistas y resentidos porque "perdimos todos nuestros privilegios ante la voluntad del pueblo bueno y sabio", creemos que es cuestión de tiempo, otros dicen que sus otros datos les confirman que "primero los pobres", a costa de todo.
Hacia el año 2050 el número actual de adultos mayores en el país se habrá casi duplicado, es decir que los recursos necesarios para pagar la pensión universal consagrada en la Constitución gracias a la voluntad del pueblo bueno y sabio pero profundamente mediocre e ignorante, deberán ser el doble de lo que hoy son.
Y la pregunta que lleva décadas sin resolverse sigue vigente con más fuerza, ¿De dónde?
Crecemos en los últimos 10 años a un promedio mediocre de 1.5 por ciento, ya incluso abajo de lo que los expertos economistas llaman la tasa promedio potencial de crecimiento del país, que se ubica en 2.5 por ciento.
Lo quieran o no reconocer quienes hoy están en las tareas de gobierno, la única manera de mantener estos programas sociales hacia el futuro, en las siguientes generaciones, es nada más y nada menos que con crecimiento suficiente y sostenido del PIB.
¿Y qué significa crecimiento suficiente y sostenido?, pues eso, crecer muy por arriba de la tasa potencial del PIB, es decir superar ese 2.5 por ciento que hoy incluso ni siquiera alcanzamos.
Los que saben, esos economistas que seguramente también están resentidos porque perdieron sus privilegios, hablan de una tasa promedio de al menos 5 por ciento anual durante varias décadas para consolidar en México un desarrollo económico que genere los recursos necesarios hacia el futuro para lo que se necesita, entre ellos la permanencia y el financiamiento de los programas clientelares.
No hay otra, y hoy no se ve de qué manera podamos salir de esta trampa en la que nos metieron, estamos empeñando el futuro y las siguientes generaciones nos lo van a reclamar. Y con justa razón.