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En el olvido

En el olvido

Columnas martes 03 de marzo de 2026 -

A más de una semana del violento domingo 22 en el que se abatió al cabecilla criminal más relevante de los últimos tiempos, en el que cientos de personas fueron muertas o heridas en decenas de estados del país, el Estado mexicano debe hacer mucho más para recuperar la tranquilidad perdida.

Para las más de cien de víctimas de aquel domingo negro, las setenta personas que diariamente matan en este país, las mujeres, niñas, niños y adolescentes que desaparecen cada hora; los miles que viven en la zozobra cotidiana y millones en la incertidumbre, el fin de un capo es sólo la sustitución en una empresa criminal, que ya está en proceso de designar a su sucesor o en el inicio de una violenta escisión.
Para que aquel domingo no sea flor de un día, nuestros gobiernos necesitan desmantelar las redes de complicidad política y económica que protegen a los criminales. Tenemos las leyes y las instituciones para ello; pero lo que a veces más falta, es la decisión firme de romper con el pasado. Sólo así se explica que un gobernador inicie su cargo con desplantes gallardos, para terminar retirándose de la política y dedicarse a ser entrenador de fútbol en Europa; o jubilarse a sus 44 años para ser ejecutado un año después en Vallarta, porque se pensaba intocable.

Esa es la historia de los dos últimos gobernadores de Jalisco.
Desde hace muchos años, hablar en voz alta de temas de seguridad en Jalisco, el Pacífico y casi en todo el país, es tener la certidumbre que algún halcón puede escucharte y pasarte algo más. En 2013, unos excompañeros de trabajo fueron secuestrados en Zapopan por hablar de C4 y videovigilancia pública en un bar. Después de ser retenidos, fueron golpeados y al día siguiente liberados. Eran otros tiempos. Algo similar hoy y se habrían convertido en un par de desaparecidos de entre los miles asesinados por mafiosos, que han convertido a este país un cementerio.

Por ello, no deja de sorprender que durante la mayor amenazaba que ha enfrentado nuestro país de un grupo criminal, la estrategia se enfoque más en modificar percepción pública en medios tradicionales y redes sociales, que en serio hacer un parteaguas de la violencia que nos carcome. No se puede volver a dejar en ascuas a millones de personas, que lo mismo corrían despavoridas en los aeropuertos de Vallarta y Guadalajara, que en las carreteras y autopistas de al menos veintidós estados. Tampoco la respuesta son retenes militares por ciudades y caminos sin más estrategia que detener “gente sospechosa”.
Pareciera que la abrumadora mayoría de la población poco podemos hacer. Propongo empezar con algo simple: no mencionemos por nombre a criminales ni sus organizaciones, no escuchemos a los cantantes que los glorifican, ni consumamos las drogas que los enriquecen. Que, si seguimos así, podemos ser los siguientes en el olvido.


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/CR

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