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En prevenir el delito, todos fallamos

En prevenir el delito, todos fallamos

Columnas lunes 25 de abril de 2022 -

Es lugar común en temas de seguridad emitir opiniones, especialmente cuando se tocan las fibras sensibles por la gravedad de algún caso; es también costumbre denostar instituciones y procesos de investigación, sumarse a cruzadas para exigir justicia y linchar a los funcionarios incapaces de preservar la integridad física, el patrimonio y la vida de las personas. Esfuerzo loable que abona a construir conciencia social, pero lamentablemente poco eficaz para evitar repetición de los hechos. Sobran voces y lamentos después de las tragedias, pero faltan siempre para construir esquemas preventivos.

La llamada “prevención de delito” es un concepto manoseado por la política partidista y poco llevado a la práctica. Es uno de los pendientes relevantes en nuestro sistema de seguridad pública. Se ha dedicado tanto tiempo al análisis de las instituciones de seguridad, que se ha dejado de lado el factor más importante en un esquema preventivo: la sociedad y la manera en que favorece la comisión de ilícitos.

Antes de que se tome a mal el comentario anterior, hagamos una autoevaluación:

¿Tenemos en casa o círculo familiar a menores de edad utilizando teléfonos inteligentes sin supervisión de adultos? ¿Conocemos a quienes interactúan con ellos en redes sociales? ¿Sabemos quiénes son nuestros vecinos? ¿Tenemos su número telefónico? ¿Socializamos con ellos? ¿Privilegiamos en nuestros hogares el aislamiento en lugar de la convivencia? ¿Preferimos bardas altas donde nadie puede observarnos? ¿Somos complacientes ante la violación consuetudinaria de normas de carácter cívico como la del ruido? ¿Al observar alguna agresión por la calle nos detenemos a tratar de evitarla o seguimos de frente hacia nuestro destino? ¿Circulamos en sentido contrario “aunque sea unos metros” para ahorrarnos unos segundos de nuestro tiempo? ¿Tenemos un directorio con los números, domicilios y datos generales de las amistades de nuestros hijos y sus padres? ¿Conocemos al personal de la policía responsable de la vigilancia en la zona donde vivimos? ¿Hemos propiciado un acercamiento con las instancias de seguridad antes de requerir sus servicios? ¿Hemos exigido a nuestros hijos e hijas el uso de aplicaciones de localización en tiempo real? ¿Tenemos un plan de contingencia ante alguna situación inusual? ¿Hemos elaborado en familia o grupos de vecinos protocolos de autoprotección? ¿Conocemos la incidencia criminal y el tipo de delito más frecuente en aquellos lugares que visitamos o vamos a visitar? ¿Conocemos la incidencia delictiva del lugar donde vivimos? ¿Conocemos a qué hora del día se cometen porcentualmente ciertos delitos? ¿Hablamos con frecuencia con nuestros hijos sobre riesgos de consumir alcohol y drogas? ¿Sabemos reconocer las señales de quien consume drogas o alcohol? ¿Educamos a nuestros hijos varones a respetar a las mujeres? ¿Fomentamos conductas machistas sin darnos cuenta? ¿Educamos en la cultura de imponerse a los demás porque pensamos que ese es el éxito? ¿Damos dinero a los menores sin pedirles cuentas sobre cómo lo gastaron? ¿Consentimos la exhibición de violencia, consumo de alcohol y drogas o alto contenido sexual en plataformas virtuales o musicales ante las y los menores sin siquiera manifestar una opinión sobre las consecuencias de esas subculturas? ¿Debatimos más en las redes sociales que en las sobremesas con familiares y amigos? ¿Compramos piratería “porque es más barato”? ¿Consentimos los abusos de quienes acaparan calles completas para cobrar por lugares de estacionamiento, pues tememos a que hagan algo al vehículo o a nosotros?

El sentido en que respondamos estas preguntas exhibe nuestras capacidades para prevenir el delito. Cierto es que el Estado tiene la responsabilidad de generar condiciones para ello, como en el caso de la llamada prevención situacional, pero también lo es que el papel de la sociedad es crucial para lograrlo.

Hoy, triste realidad, es que en prevenir el delito todos fallamos. Urge resolver esta situación. Pasar a la acción en el mundo real y no solamente en las redes sociales.
¿Quién se suma?

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/CR

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