Y sin querer, queriendo, en el combate al crimen organizado, pasamos de los “daños colaterales” de Felipe Calderón a: “Les guste o no les guste… la maestra Irma murió de un infarto”, como dijo la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, al intentar explicar el fatal desenlace de la taxista secuestrada y obligada a grabar un video exhortando a sus compañeros a pagar su "cuota" al crimen organizado.
Cero empatía con la víctima y los veracruzanos agobiados por la extorsión. Incluso, Nahle, calificó de “miserables” a quienes denuncian y cuestionan lo sucedido a la maestra jubiladaIrma Hernández, levantada mientras conducía su taxi en Álamo Temapache, Veracruz.
Al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo: “Todo homicidio, y particularmente el de la maestra, es lamentable. Y nosotros no queremos que eso pase en nuestro país”.
El caso se hizo viral luego de que se difundiera un video de la mujer arrodillada, rodeada de 12 hombres armados, apuntándole con sus armas obligándola a mandar un mensaje a sus compañeros taxistas: “Con la mafia veracruzana no se juega o terminarán como yo”. Fueron sus últimas palabras.
Un deleznable ejemplo que hemos visto en otros estados del país. Tras estos lamentableshechos, en redes sociales circula un corrido dedicado a la víctima donde se describe lo que enfrentan los ciudadanos día con día:
"Irma no cayó por andar en problemas, cayó por vivir en tierra sin reglas”
"Y su historia no es sola, es la de miles,
de taxistas, de madres, de calles sin fines,
donde el crimen manda y el Estado no llega
y el que levanta la voz lo entregan a la pena".
"¿Dónde está el gobierno que dice cuidar?,
¿dónde la justicia que suele gritar?,
si a plena luz del día te pueden borrar
¿qué le queda al pueblo más que rezar?"
En efecto, Irma Hernández no se infartó en su casa; “por vivir en tierra sin reglas”, vivió la angustia de ser secuestrada y torturada por criminales, lo que derivó en su muerte. La historia de miles personas a lo largo y ancho del país víctimas de la extorsión y de la falta de un Estado de Derecho que evite este delito y la muerte de muchos de ellos.
Ante esta tragedia, los mexicanos no podemos ser indiferentes. La exigencia de seguridad y justicia, es una demanda que se ha convertido en el gran desafío del Estado y del gobierno de México, desde hace muchos años, y ha quedado en la retórica de los discursos.
Sin seguridad y justicia no habrá paz, ni transformación. Reducir la estrategia a: "Esa fue la realidad. Les guste o no les guste", es claudicar ante el crimen organizado.
@guillegomora